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el suicidio de dorothy hale
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Yo te cielo

Por: Carlos Segoviano.

En el pasado texto reseñé la exhibición en Buenos Aires de Magali Lara, que entre otras obras, presentaba el trabajo titulado Sielo. La recurrente apropiación de esta artista de la figura de Frida, así como la propositiva falta ortográfica me llevaron a pensar en el “Yo te cielo” de la maestra Kahlo y por tanto ahora, reflexionar sobre el número de veces y los motivos en que lo había utilizado.

Me pareció interesante escribir sobre esta creación de Frida en el campo literario, para refutar la idea estereotipada de la “falta de talento” e “inapropiada fama” de la artista. La noción de que Frida fue artífice  de una obra superficial recurrente hacia la reiteración de autorretratos dramáticos, últimamente se ha propagado en redes sociales, a través de revistas digitales e incluso por parte del Museo Nacional de Arte de México . Ya de por sí el arte latinoamericano se enfrenta al cuestionamiento de su aparente falta de originalidad, cuando actos como el invento de un verbo por parte de Frida muestran lo contrario, no obstante, los productos desechables que muchas veces poseen la imagen de la creadora mexicana, nos obligan –como escribiese en otro contexto Marta Traba- a hacer un arte latinoamericano de resistencia, para mantener vivo el legado artístico de Kahlo sin que éste quede reducido a un mero objeto producto de la mercadotecnia.

Tras platicar con Carolina Olsen y Margarita Claro, dos de las mujeres más activas en la actual investigación de Frida Kahlo, me encontré en una revista porteña con el texto “Sobre el verbo ‘cielar’ en las escrituras de Frida Kahlo”[1]. Allí aparece reproducida la carta a Pellicer de 1947, de la que se extrae el muy citado:

“¿Se pueden inventar verbos? quiero decirte uno: yo te cielo,

así mis alas se extienden enormes para amarte sin medida.”

Lo interesante es que el autor, Aldo García, también reprodujo un fragmento del diario de la artista, de los pocos fechados y que corresponde también a 1947, al 22 de enero para ser precisos:

“Tú me llueves –yo te cielo

Tú la finura, la niñez, la

vida –amor mío –niño, viejo

madre y centro –azul –ternura-

Yo te entrego mi universo”

Se puede extraer la idea de que estas palabras estaban dirigidas a Diego Rivera por la poética visual que expresan, semejante al cuadro de El abrazo de Amor del Universo, y la Tierra (México), Diego, yo, y el Sr. Xolotl (1949) y a fragmentos del mismo diario como “en todo momento, él es mi niño, mi niño nacido a cada momento” e incluso por la cercanía al texto que Frida escribió respecto al muralista por sus 50 años de labor artística:

“Diego no ha sido ni será esposo de nadie […] y si hablara de él como de

un hijo, no haría sino describir o pintar mi propia emoción […] Diego es

un niño grandote, inmenso, de cara amable y mirada un poco triste.”

Por último, García reprodujo otra carta, esta vez el final de una misiva dirigida al entrañable y lejano amigo y galeno de Frida, el norteamericano Leo Eloesser:

“¿Cuando volveré a verte? Me hace tanto bien saber que tú me quieres

y que no importa dónde andes tú me cielas (de cielo).

Te adora tu Frida”

Como podemos observar, Frida dedicó a tres personajes importantes en su vida, este verbo que se inventó para referir a una acción de la que carecía de las palabras “precisas” y “correctas” para expresarla. El “yo te cielo” como una entrega de amor tan extensa como el cielo mismo, como el inabarcable, indestructible e infinito abrazo de la bóveda celeste a la tierra –que me trae nuevamente a la memoria el cuadro de El abrazo de Amor del Universo, y la Tierra … El “yo te cielo” como propone el especialista en letras Aldo García es “amar como ama el cielo a la tierra”. Un cariño que se extiende hasta lo recóndito como le refirió a su Doctorcito.

García también propone que como lugar, el cielo, convertido en verbo implicaría la posibilidad de llevar, de trasladar a alguien por los aires con el efecto de su afecto, lo cual permite leer otra faceta de la maestra: la importancia que le otorgó al acto de volar tanto en sus memorias plásticas como literarias, como en la ocasión en que en su infancia pidió ser un avión y terminó vestida como ángel, anhelo rememorado en el lienzo Piden aeroplanos y sólo les dan alas de petate, pero sobre todo en su uso de la imaginación para enfrentar las adversidad física, tras la amputación: “Pies para que los quiero si tengo alas pa volar”

Estas ideas se hacen extensibles a la libertad que Frida encontraba en los loros, las mariposas y los colibríes presentes en sus cuadros –que claro que cada uno refiere también a otras cuestiones- e incluso, a la dramática idea de dejarse ir por los aires para distanciarse del dolor y los fracasos como en El suicidio de Dorothy Hale.

Esa posibilidad de desplegarse a través del viento, de ir más allá de dónde el cuerpo y la vida, para a través de su legado poder abrazarnos al día de hoy con sus pinturas y pensar por qué no: “Yo los cielo … a todos mis Fridos.”


 NOTAS

[1] Aldo García, “Sobre el verbo ‘cielar’ en las escrituras de Frida Kahlo”, Revista Sudestada, edición especial Universos de Frida, Buenos Aires, octubre 2015. Los textos sobre el verbo “cielar” citados en este texto fueron recuperados de la publicación de García.

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