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Revisión para la historia de la mirada fotoperiodística del levantamiento del EZLN

Por: Berenice Sánchez Barrios.

La historiografía respecto de la historia de la fotografía en México nos permite avizorar los distintos procesos de construcción de la imagen, sus debates teóricos y en suma, la práctica fotográfica desarrollada en nuestro país. Pioneros de los grandes estudios fotográficos de principios de siglo XX, catalizadores en la transformación de los realizadores de imágenes de la posguerra y un sinfín de “ases de la cámara” con estilo propio y definido. Los quehaceres de la investigación aún distan de terminar por descubrir universos visuales del medio fotográfico. Uno de ellos está en manos de la historia de la fotografía de prensa. Documento visual y social que ha elaborado una serie de discursos visuales sin duda, innovadores y muchas veces decisivos en la conformación de imaginarios colectivos. En estas líneas proponemos una revisión de los alcances en la investigación en torno a la construcción de la mirada fotoperiodística del movimiento zapatista, uno de los fenómenos sociales más importantes del siglo pasado y que sin duda ha generado un sinnúmero de imágenes significativas y simbólicas en la construcción de la historia nacional reciente. Es pues, este imaginario el que nos interesa conocer.

Es necesario señalar que la producción historiográfica respecto del imaginario del levantamiento zapatista en la fotografía de prensa está inmersa dentro de la proposición conceptual de John Mraz y Ariel Arnal: “nuevo fotoperiodismo mexicano”, el cual se caracterizó por una apertura e inclusión de agentes tradicionalmente marginados, y abrió caminos para la equidad de género en la práctica fotoperiodística que diera pie a la incursión de mujeres en el medio, entre otros objetivos y logros. [1] Algunos matices han sido profusamente elaborados por Alberto Del Castillo en sus investigaciones sobre los fotógrafos Rodrigo Moya y Jorge Gallegos, para verter una serie de cuestiones alrededor de las formas de producción, circulación, archivo y lectura de las fotografías de prensa, así como las relaciones laborales y de poder internas de los medios de comunicación impresa. Ello a partir de fuentes testimoniales y su correspondiente crítica, que perfila ventajosa la recopilación de entrevistas con los fotoperiodistas como testimonios de vida y obra pero también como referencias vivenciales que puedan enmarcar contextos muchos más complejos. [2] Sin duda, puntos de partida para la investigación futura.

Curiosamente es en estos trabajos de recopilación memorística y su difusión en donde ha comenzado a despuntarse una historia concreta en torno a las construcciones fotoperiodísticas del movimiento del EZLN. Es preciso señalar ahora ciertos puntos clave en la historia de este movimiento indígena: la irrupción del ejército zapatista en la vida política mexicana el 1° de enero de 1994 y el comienzo del conflicto armado durante los primeros diez días. Es a partir del cese al fuego que se marcan una serie de negociaciones por la paz y la resolución del conflicto entre el gobierno mexicano y el movimiento indígena, que va a culminar con la firma de los acuerdos de San Andrés en febrero de 1996, de la mano con la militarización y paramilitarización del estado chiapaneco; esto último abrirá la agudización de los refugiados y nuevos episodios sangrientos como el acontecido en Acteal en diciembre de 1997 y la fuerte resistencia indígena en los pueblos, comunidades y zonas de refugio; la posterior reestructuración del EZLN y sus formas de lucha por vía pacífica, mediante sus caravanas en 2001 (La marcha por la dignidad), 2005-2006 (La otra campaña) y la configuración de pueblos indígenas autónomos de facto y formación de Juntas de Buen Gobierno ante el estancamiento para crear acuerdos con el gobierno federal mexicano y la aprobación de la Ley sobre cultura y derechos indígenas, que no mantiene los lineamientos propuestos originalmente; todos estos, momentos que constituyen el ejercicio de la expresión política de autonomía que pretendían.

El movimiento zapatista de finales del siglo XX ha sido tema explotado de una serie de publicaciones, la mayoría de tipo periodística o de análisis político; contemplado desde la sociología y desde luego, la historia política mexicana. Desde allí podemos señalar que muy pronto –las primeras publicaciones son de 1994 y 1995—, desde el inicio del conflicto, comenzaron a escribirse textos que por un lado pretendían destacar, como crónica reciente, los sucesos a partir del 1° de enero de 1994 como los días de guerra.

Por otro lado, “rastrear” la historia inmediata anterior a la irrupción del conflicto armado y con ello hacer una especie de apología de las causas que promovía el movimiento zapatista. [3] Hay un intenso interés en conocer la historia profunda detrás de una organización de esta índole, y por ello, se escriben historias que abarcan periodizaciones extensísimas sobre los pueblos indígenas en Chiapas, la lucha por las tierras y la autonomía, las distintas organizaciones políticas que se han conformado a partir de ella hasta llegar al EZLN. [4] Estos primeros trabajos, ya sean de difusión o de cierto rigor académico, se encuentran inexorablemente cercanos al fenómeno que pretenden estudiar y no conforman todavía una explicación completa y coherente de un movimiento indígena que en dichos años se estaba formando, por ello no es extraño que sea hasta casi una década después de la irrupción del ejército zapatista en la vida pública que las historias encuentren otra serenidad, por medio del distanciamiento temporal y la reflexión que ello permite. [5] De esta posibilidad surgen otro tipo de discursos –los cuales no serán abundados profusamente en estas líneas, dado que por ahora nuestro interés está ligado a la historia de las imágenes y los campos de visualidades en torno a este movimiento a partir del discurso fotográfico-, con una visión más completa acerca de la configuración de un movimiento que cuenta ya con 28 años de existencia. [6] También cabe mencionar que el propio movimiento zapatista ha construido y comunicado on line su propio discurso y ha utilizado los medios digitales para dar a conocer su historia, su lucha y sus formas de vida. [7]

Carlos Cisneros,<i> La Jornada</i>. 03/01/1994.
Carlos Cisneros, La Jornada. 03/01/1994.

Sin embargo, son pocos o nulos trabajos los que han hecho referencia directa a la construcción de los imaginarios del fenómeno social. [8] Lo cual resulta peculiar, dado que el zapatismo es un movimiento indígena que desde sus inicios establece una comunicación y diálogo constante a partir de los espacios mediáticos, ya sean los impresos, la radio, la televisión y los medios digitales cibernéticos. Uno de los primeros trabajos que busca el énfasis en esa dirección es el de Elizabeth Bautista Flores, a través de su investigación de tesis titulada Fotoperiodismo mexicano durante el conflicto armado chiapaneco, en el cual analiza y revalora el trabajo fotoperiodístico de La Jornada y la agencia fotográfica Cuartoscuro del primer mes del conflicto zapatista. Bautista Flores realiza un primer acercamiento descriptivo y connotado de las imágenes fotográficas seleccionadas sin llegar a elaborar una explicación más profunda del tratamiento de ese discurso visual.

Un acercamiento similar, aunque posterior, corresponde al reciente trabajo de investigación de tesis de Rosalía Cortés, quien establece una relación entre las fotografías publicadas y el fotógrafo. [9] El caso particular es Raúl Ortega, quien es autor de una serie de fotografías icónicas del movimiento zapatista y de la figura del subcomandante Marcos, entre las que destaca una de las fotografías más conocidas de este personaje, aquella donde sonriente hace un gesto “obsceno”. La metodología es descrita por la autora: la iconología, según Boris Kossoy. El ejercicio es interesante, si bien diatriba en la lectura explicativa. No es su intención formular un argumento histórico de la visualidad ni de la realización de la imagen, su producción o su circulación. Es más bien, un intento fragmentado de lectura de las fotografías arbitrariamente seleccionadas. Ambos casos restringen su análisis a enero de 1994, es decir al conflicto bélico. La explicación histórica aún espera.

Es imposible negar que pronto se creó un imaginario colectivo de los indígenas zapatistas, cuyo ícono principal reside en la figura del Subcomandante Marcos. Ejemplo claro de ello es el texto de Armando Bartra Aproximaciones a un ‘look’ insurrecto, publicado en Luna Córnea. En su texto, Bartra arguye que las imágenes del movimiento zapatista, cristalizadas en el líder carismático, permitieron la construcción de un look “original y llegador que ha sido parte sustantiva de su estrategia política”. [10]

Es decir, la construcción de la imagen del movimiento zapatista a partir de las lentes de los fotógrafos enviados a la zona del conflicto, quienes ante el caos y descontrol mediático, primero se acercaron con un interés documental-testimonial y en un segundo momento, casi inmediato, descubrieron la figura de Marcos y al decir de Bartra: “al principio hay exotismo, esteticismo, miserabilismo, búsqueda del contraste y la paradoja… Hasta que los hombres y mujeres de la cámara descubren que el emblema es el Sup; no el ominoso o heroico Subcomandante guerrillero, sino el Marcos cercano, sonriente, socarrón; no tanto las cananas y el pistolón, como el pasamontañas, la cachucha, el paliacate y la pipa.” [11] Lo cual reduce el universo del movimiento zapatista –mayoritariamente indígena— a un ícono unívoco. Es ineludible la figura del líder, pero el imaginario colectivo y la visualidad en torno al movimiento del EZLN parte no de un actor, sino de una serie de construcciones mediáticas en las que la fotografía de prensa encabeza la propuesta discursiva. Tal es el caso de una de las fotografías más emblemáticas, reproducidas e incluso apropiadas por la iconografía zapatista: las mujeres de X’oyep, de Pedro Valtierra. De nueva cuenta Alberto Del Castillo conduce su investigación hacia los confines de la imagen de prensa, a partir del contexto histórico del movimiento zapatista teje una de las historias más significativas detrás del icono, que conlleva el testimonio oral de los involucrados, el análisis de las hojas de contactos que permiten comprender la lógica de construcción de imágenes y los elementos simbólicos de las mismas. [12]

La valoración de Armando Bartra en relación a la falta de argumentos explicativos tanto del fenómeno del movimiento indígena en Chiapas, como del discurso visual que se elabora dentro de los medios, enfatiza el elemento gráfico como síntesis simbólica del acontecer:

El zapatismo no podía ser explicado a partir de la causalidad, fuera ésta económica, social, política o cultural. Es verdad que en la pobreza se incuban rebeldías, que la injusticia y la explotación generan encono social, que la represión es proclive a los radicalismos ideológicos, que los pueblos originarios han sido acogotados por demasiado tiempo. Pero siendo ciertos, ninguno de estos factores es explicativo. Es ahí donde fallan los gobiernos, las derechas y también cierta izquierda reduccionista. Y es ahí donde a veces aciertan fotógrafos, videoastas y cronistas, que iluminan la otredad mediante parábolas –casi nunca planeadas— que mostrándonos una cosa mundana nos remiten a otra metafísica. [13]

Estos acercamientos deslizan una disquisición respecto de los imaginarios simbólicos e icónicos del EZLN y el movimiento zapatista desde la mirada fotográfica. O más bien, los ponen sobre la mesa de debate. Sin embargo, aún falta establecer las formas de producción, circulación y consumo de esas imágenes fotográficas de la prensa mexicana. A partir de un caso particular por ejemplo, La Jornada, uno de los diarios más importantes a nivel nacional y que diera cabida a generaciones de fotógrafos, permitió la concreción del “nuevo fotoperiodismo”. El seguimiento mediático y la construcción del discurso visual a partir de las imágenes fotográficas y las formas internas de las políticas editoriales, de las relaciones con el poder y la sociedad, y con el troc [14] de la cultura visual que se transforma (o no) e incide en dichas construcciones. Sea este el objetivo primordial que aporte la investigación futura por comenzar.

Oriana Elicabe,<i> La Jornada</i>. 08/01/1996.
Oriana Elicabe, La Jornada. 08/01/1996.

A modo de conclusión

Finalmente, estas anotaciones a partir de una primera revisión historiográfica nos han de permitir encontrar caminos todavía por recorrer sobre los cuales la investigación de las imágenes y su vida social han de conducirnos a poner un poco de luz sobre procesos históricos que se construyen en distintos momentos. Efectivamente, la historia (escrita) del fotoperiodismo mexicano de finales del siglo XX es una tarea que todavía se encuentra por elaborar, con tintes bien importantes en los más recientes trabajos serios y concretos de algunos investigadores de las imágenes como Alberto del Castillo, Ariel Arnal, Laura González, John Mraz, entre otros. Dichas investigaciones plantean una serie de alcances que conforman el mundo interno del fotoperiodismo, sus mecanismos, sus funcionamientos y tensiones; la vida cultural y social en los que confluyen los diversos actores sociales que configuran visualidades y sus campos de influencia (circulación y consumo de imágenes).

La historia de la construcción de la mirada y las visualidades a partir de los procesos fotoperiodísticos de la última década del siglo pasado, los personajes centrales y de fondo de las imágenes e íconos, que conforman la cultura visual de la sociedad mexicana respecto de la memoria del imaginario del zapatismo desde su irrupción política en enero de 1994, debe ser planteada en términos de construcción de una historia social del arte como la han propuesto investigadores como Baxandall, Moxey, Mercer, o la propia Ana María Mauad y desde luego, a partir de los esfuerzos fundamentales de distinguidos historiadores de la fotografía de prensa en México arriba citados.

Una historia, para el caso concreto, que considere tanto el proceso de visualidad que conlleva la imagen fotográfica en su expresión estética, en relación a su producción, circulación, consumo y archivo en los interiores de las políticas editoriales y laborales de los medios de información impresa; así como el intercambio socio-cultural entre los creadores de imágenes (el gremio que marca formas de construcción de visualidades, la crítica, los editores), los fotografiados (los indígenas del EZLN y de Chiapas), los lectores de la prensa y las relaciones de poder entre ellos, en términos de historicidad.

En un balance final advertimos que la formulación de las historias del fotoperiodismo mexicano abarca generalizaciones de procesos amplios y que se ha fijado en mecanismos cada vez más intrínsecos de las construcciones de las imágenes como documentos socio-culturales, impregnados de una historicidad particular. En relación a la historia de los imaginarios del zapatismo, el punto de partida primordial aunque no único, es el de Alberto del Castillo quien apunta a las bambalinas detrás de las imágenes: la mirada de los fotoperiodistas. Sea este el ejercicio a partir del cual se formulen otras variantes, se ponga a prueba tal hipótesis y se procure enunciar, claramente, una explicación discursiva más completa que provoque reflexiones y nuevas propuestas metodológicas.


Fuentes consultadas

Bibliografía

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  • Baxandall, Michael. Modelos de Intención. Sobre la explicación histórica de los cuadros. España: Graficinco, S. A., 1989.
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  • Tribulsi, Ricardo. “Una tarde en Corralchén” en Luna Córnea. 2011, núm. 33, pp. 174-177.
  • Vera Herrera, Ramón (editor). El otro jugador. La caravana de la dignidad indígena.

Tesis

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  • García Montesinos, Liliana. “Imágenes del fotoperiodismo publicadas en la Ciudad de México, Revisión crítica 1995-2005”. Tesis de Maestría. Director: Daniel J. Manzano Águila. Universidad Nacional Autónoma de México, Escuela Nacional de Artes Plásticas, 2007.
  • Mejía Castillo, Martha Graciela. “La labor de las reporteras gráficas dentro del nuevo fotoperiodismo mexicano”. Tesis de Licenciatura. Director: Hugo Sánchez Gudiño. Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Estudios Superiores Aragón, 2009.
  • Pulido Martínez, Miguel Ángel“Historia del fotoperiodismo mexicano: autores, obras y contexto histórico”. Tesis de Licenciatura. Director: Martha Patricia Chávez Sosa. Universidad Nacional Autónoma de México, Escuela Nacional de Estudios Profesionales Aragón, 2001.
  • Reyes Ortiz, Ana Cristina. “El fotoperiodismo como género periodístico caso: La Jornada, sismo en el Distrito Federal de 1985”. Tesis de Licenciatura. Directora: María Isabel Barranco Lagunas. Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, 2002.
  • Segura Fajardo, Ana Cecilia. “La situación del fotoperiodismo en dos de los diarios con más tiraje de la Ciudad de México a través de un análisis de un mes de los periódicos La Jornada y Reforma con base en parámetros cuantitativos y cualitativos”. Tesis de Licenciatura. Directora: Velia Sandra Hernández Rojas. Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, 2008.
  • Ortiz Montiel, Sergio Julio. “La historia del fotoperiodismo en México”. Tesis de Licenciatura. Directora: Hortensia Manuela Moreno Esparza. Universidad Nacional Autónoma de México, Escuela Nacional de Estudios Profesionales Aragón, 1985.
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Mesografía

Canalseisdejulio. La marcha zapatista: el desafío indígena. 2001. (Video)

_______________. Zapatistas. Crónicas de una rebelión. 2004. (Video)

http://enlacezapatista.ezln.org.mx/

http://palabra.ezln.org.mx/


NOTAS

[1] De acuerdo con los autores, la configuración de una nueva fotografía de prensa mexicana, directa, metafórica, comprometida y libre de presiones política a partir de mediados de la década del ochenta dio paso a una reconfiguración en las formas estéticas y de relaciones laborales del fotoperiodismo mexicano; la hipótesis enunciada es que la oportunidad de los fotoperiodistas de explorar sus intereses propios sin atamientos a cubrir las noticias “ha traído como consecuencia el desarrollo de una fotografía documental dentro de un diarismo, una combinación que nos arriesgamos a proponer como insólita en la historia de la fotografía mundial” Vid. John Mraz y Ariel Arnal. La mirada inquieta. El nuevo fotoperiodismo mexicano, 1976-1996. México: Centro de la Imagen/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1996.

[2] La pregunta guía de este texto es: “¿De qué manera el ámbito laboral ha definido y condicionado la producción de determinado tipo de imágenes y reportajes para cada una de las etapas de la vida laboral de Jorge Luis Gallegos?”. Y conlleva como hipótesis que “la producción fotográfica de los reporteros y periodistas está vinculada a una mirada editorial, y la forma en que se relaciona también con los modelos laborales vigentes en cada uno de los periódicos.” Es decir, marcar la atención en las relaciones laborales internas y con el exterior de los medios; relaciones de poder, sin lugar a duda. Alberto del Castillo señala cómo éstas –las relaciones de poder— han marcado un proceso de homogeneización en los modos de hacer periodismo, en los que se ha subordinado cada vez más la fotografía periodística a la información textual, incurriendo en una retórica visual que ha empobrecido el contenido de la imagen periodística en las décadas recientes y que se ha sujetado a una política editorial que pone al diseño gráfico como pauta de organización de contenidos textuales y visuales. Vid. Alberto del Castillo Troncoso. Jorge Luis Gallegos: fotografía, periodismo y trabajo en el cambio de siglo. En: Mario Camarena Ocampo y Ada Marina Lara Meza (coords.), Memoria y oficios en México, siglo XX. Guanajuato: Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología/Universidad Autónoma Metropolitana/Universidad de Guanajuato. 2007, p. 245.

[3] Véase Luis Humberto González (Comp.) Los torrentes de la Sierra. Rebelión zapatista en Chiapas. México: Aldus, 1994. Crónicas y recuentos del primer año del movimiento zapatista, por periodistas y fotoperiodistas.

[4] Neil Harvey. La rebelión en Chiapas. La lucha por la tierra y la democracia. México: Era, 2000; y Adolfo Gilly, Chiapas, la razón ardiente. Ensayo sobre la rebelión del mundo encantado. México: Era, 1998.

[5] Es necesario señalar que el movimiento zapatista ha sido documentado, comentado, analizado e incluso defendido, desde diferentes voces desde los primeros días hasta notas muy recientes del presente año en los diarios nacionales. Tal es el caso de La Jornada, que se ha constituido en espacio de debate y opinión pública en torno a aquel, además de haber publicado –mediante su casa editora— una serie de trabajos de recopilación de los documentos escritos por el Subcomandante Marcos y el EZLN tales como: Ramón Vera Herrera (ed.), El otro jugador. La caravana de la dignidad indígena, o bien EZLN: documentos y comunicados. México: Era, 1998. Así como la producción de videos documentales –específicamente canalseisdejulio— sobre el levantamiento zapatista que han ido reeditándose ante la compilación de mayores documentos visuales, ejemplo de ello es Zapatistas. Crónicas de una rebelión (2004) o La marcha zapatista: el desafío indígena (2001).

[6] Ejemplo de ello: Iván Molina. El pensamiento del EZLN. México: Plaza y Valdés, 2001; Gloria Muñoz Ramírez. 20 y 10: el fuego y la palabra. México: La Jornada, 2003; Marco Estrada Saavedra. La comunidad armada rebelde y el EZLN. Un estudio histórico y sociológico sobre las bases de apoyo zapatistas en las cañadas tojolabales de la selva Lacandona (1930-2005). México: El Colegio de México, 2007; o bien la tesis de Maestría de Yazmín Eréndira Vicario Marín, EZLN: la construcción socio-simbólica de la esperanza y el cambio social que analiza el aspecto simbólico del movimiento zapatista a partir del complejo de actos, discursos, palabras y emblemas que permiten construir “un significado o un otro significado de la realidad.”

[7] Véase: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/ y http://palabra.ezln.org.mx/ En estos enlaces se pueden encontrar los escritos del Subcomandante Marcos, las Declaraciones de la Selva Lacandona, las noticias de las Juntas de Buen Gobierno, las diversas entrevistas a los zapatistas, los comunicados y actividades, y otra serie de documentos de primera mano que sirven para la construcción de su historia.

[8] Debe entenderse que aquí nos referimos a textos de tipo académicos, de investigación social y humanística principalmente, pues es cierto que existen diversas obras que han recopilado material fotográfico y visual sin elaborar propiamente un discurso explicativo porque no era esa su finalidad. Véase: EZLN: otro mundo es posible. Memoria de 12 años del movimiento zapatista. México: Imagen Mexiquense, 2006; y Los torrentes de la Sierra. Rebelión zapatista en Chiapas.

[9] Rosalía Itandehuitl Cortés Aguirre. “Los zapatistas, una interpretación iconológica. La irrupción pública del EZLN en 1994 y el conflicto armado en Chiapas a través de lente de Raúl Ortega, reportero gráfico de La Jornada”. Tesis de Licenciatura. Directora: Rosalía Flores Mateos. Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, 2010.

[10] Que se complementa con las entrevistas a Raúl Ortega en Luis Jorge Gallegos, Autorretratos del fotoperiodismo mexicano.23 testimonios. México: Fondo de Cultura Económica, 2011, en donde el fotógrafo abunda en su memoria la experiencia de haber estado presente durante el inicio del conflicto armado y la forma en cómo el inicial movimiento zapatista lo impactó profunda y decididamente. Igualmente valiosos los testimonios narrados por Ricardo Tribulsi y Heriberto Rodríguez que llaman nuestra atención pues describen formas distintas de abordar, mediante su trabajo cotidiano, la movilización zapatista y las verdades sobre ciertos puntos clave en la iconografía del mismo como el origen de ciertas fotografías emblemáticas. Anotaciones que no pueden ser descuidadas en la investigación ni en la elaboración de nuestro discurso. Vid. Rodríguez, Heriberto. Evocaciones neozapatistas. Luna Córnea, núm. 33, pp. 178-199, y Tribulsi, Ricardo. Una tarde en Corralchén. Luna Córnea, núm. 33, pp. 174-177.

[11] Armando Bartra. Aproximaciones a un look insurrecto. Luna Córnea, núm. 33, p. 154.

[12] Alberto del Castillo Troncoso. Las mujeres de X’oyep. La historia detrás de la fotografía. México: Centro de la Imagen/Centro Nacional para la Cultura y las Artes/Instituto Nacional de Antropología e Historia/Centro Nacional de las Artes/Centro de las Artes de San Luis Potosí, 2013.

[13] Armando Bartra, Op. cit., p. 166.

[14] Baxandall refiere que el troc –trueque— lo utiliza “como modelo simple de [inter]cambio para la relación del pintor con su cultura”. Cfr. Michael Baxandall. Modelos de Intención. Sobre la explicación histórica de los cuadros. España: Graficinco, S. A., 1989, p. 12.

 

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