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Lo “grotesco realista” en la caricatura francesa decimonónica como síntoma de la Modernidad

Por: Blanca Meneses Romero.

1.Henry Monnier. Artistas Contemporáneos: Papel de Joseph Prudhomme,publicada el 13 de Diciembre de 1852; Litografía (26 x 19.7 cm).Museo Nacional de imprenta portuguesa. Lisboa, Portugal.
1. Henry Monnier. Artistas Contemporáneos: Papel de
Joseph Prudhomme
, publicada el 13 de Diciembre de 1852;
Litografía (26 x 19.7 cm).
Museo Nacional de imprenta portuguesa. Lisboa, Portugal.

Entre 1820 y 1831, en Berlín, el filósofo alemán F. Hegel publicó Lecciones de Estética donde anunció “la muerte del arte” en un sentido de temporalidad, esto es: el contexto cultural y religioso en el que se desenvuelve el hombre ha perdido vigencia, es asunto del pasado. A partir de dicha aseveración, el nuevo arte convocó la libre autonomía y, a un tiempo, la verdad a través del espíritu donde, tanto la naturaleza como los sentidos han sido abandonados (Liessmann, 2006). El germen de la belleza en la obra de arte se verá en la simple apariencia (lo externo) y ésta, se encuentra ligada a lo verdadero, invitándonos “…a una consideración pensante, pero no con el fin de volver a engendrar arte, sino para conocer de modo científico qué es el arte” (Hegel, 1970; citado en Liessmann, 2006: 46). Ciertamente la apuesta por el ser consciente de sí mismo y, reflexivo, desenvuelve al arte como herramienta de un ”…juego pasajero que sirve de distracción y entretenimiento” (Ibíd., 2006: 41) donde vislumbra “esa entidad” que nos pertenece; el artista moderno es el creador en sí mismo “…que imagina, contempla y se expresa la infinitud de sus sentimientos y sus situaciones [una realidad decadente], la cual ya nada le es ajeno, lo que puede hacerse viviente en el regazo” (Hegel, 1970; citado en Liessmann, 2006: 48).

Desde estos esbozos sobre los inicios de la modernidad es importante retomar la idea de que el arte puede fungir como juego pasajero, esto se traduce, desde Hegel, en lo arabesco y grotesco. En esta consideración el filósofo alemán los conceptualiza de manera distinta de acuerdo a su transición histórica y filosófica: por un lado, el primero refiere aquellos ornamentos vegetales, antropomorfos y animales que van de una naturaleza a otra y, por el otro, el segundo “…se dirige a un espacio suprasensible muy alejado de lo humano” (Kayser, 2010: 171). A pesar de dicha distinción ambos conceptos tienden a distorsionarse, esto significa que tiende a conjeturar lo grotesco como aquello que se denomina hiperbólico y antinatural (ibíd., 2010).

El entramado conceptual en líneas anteriores -a manera de preámbulo- plantea reflexiones en torno a cómo comprender y analizar el concepto de lo grotesco realista del siglo XIX bajo una mirada estética, para mostrar de qué manera se descubren relaciones entre las teorías estéticas alrededor del concepto con una modernidad parisina exhibida por el poeta maldito Charles Baudelaire y, a la par, en coloquio con una serie de caricaturas que recuerdan a la época victoriana, creadas por el francés Henry Monnier.

2. Henry Monnier. <i>Costumbres parisinas</i>, 1827;<br />
Litografía a color.<br />
París, Francia
2. Henry Monnier. Costumbres parisinas, 1827;
Litografía a color.París, Francia

Para ello se dimensiona una metodología en tres pasos de la siguiente manera: desglosar y analizar el concepto de lo “grotesco realista” desde fragmentos literarios de los poetas y filósofos L. Keller, F. Th.Vischer, Wilhelm Busch, Stifter, entre otros, mediante la recopilación teórica y estética de Wolfgang Kayser; ahondar en el análisis estético de las litografías y acuarelas desde la perspectiva de lo “grotesco realista”; y, revisar qué implicaciones tiene dicho concepto con la modernidad a través de la selección de algunos fragmentos de la obra El pintor de la vida moderna de Charles Baudelaire.

En principio, es pertinente contextualizar la producción artística del caricaturista Monnier (1799-1877). A grandes rasgos Monnier –influenciado por el caricaturista más elogiado de la época, Honoré Daumier- se estableció como gran caricaturista en 1828 y 1830 e inició sus trabajos como escritor satírico. Asímismo, considerado un precursor del realismo con su coetáneo, el poeta Honoré de Balzac, consiguió plasmar tanto en sus litografías como en sus acuarelas la hediondez, la ridiculez y la mediocridad de la clase baja y la burguesía francesa tal y como se reflejó en la figura del dandi Joseph Prudhomme (Champfleury, 1992). A pesar de las múltiples sentencias jurídicas que padeció aunado a un gobierno ignorante, Monnier insistió en la fealdad moral y física, la absurda defensa de Dios y su poder sobre la raza humana mediante la risa exagerada. Finalmente, con una vena “postromántica”, trató de escapar de las aberraciones de su contexto a través de la tajante exhibición de una sociedad bajo un carácter hiperbólico; de manera que logró abrazar el cinismo y a una organización política y social estrafalaria.

 

LO GROTESCO REALISTA

Lo grotesco hegeliano conduce las siguientes hipótesis sobre el concepto a tratar: la primera atribuida al escritor austriaco Stifter, la cual responde a la alusión a ciertos entornos sociales que abarcan la figura del dandi [i]: el spleen y el flâneur (Kayser, 2010). En este caso, el spleen hace referencia a una extremada melancolía causada por el hastío de una realidad vacía, un nihilismo absoluto (Berman, 2003) como se observa en la figura de Des Eisseintes, personaje principal de la obra Al revés de Huysmans, y el flàneur evoca un paseo urbano del mismo para lucirse entre la multitud y curiosear una realidad exótica escondida en la obscuridad (Ilustración 2) como sí fuera un niño-hombre (Baudelaire, 2008). Ahora bien, lo extraño en cuanto a su apariencia y comportamiento (Kayser, 2010) se observa en las mujeres del tercer sexo (Ibíd., 2008), aquellas dedicadas a la vida galante, portadoras de máscaras (maquillaje en la boca, pestañas y cejas), corsets con una constricción dominante y crinolinas ampulosas (Ilustración 2 y 4).

3. Henry Monnier. <i>Los pecados Capitales: Escenas del día, La cólera</i>, 1827;Litografía a color.París, Francia
3. Henry Monnier. Los pecados Capitales: Escenas del día
La cólera
, 1827; Litografía a color. París, Francia

La segunda noción consiste en el aspecto físico -curioso cabe decir- que conforma un ente entre lo humano y lo animal. Hoffman evoca la anterior en su obra El hombre de arena.

Imagínate un hombre de anchos hombros con una enorme cabeza deforme, una tez mate, cejas grises y espesas bajo las que brillan dos ojos verdes como los de los gatos y una nariz gigantesca que desciende bruscamente sobre sus gruesos labios. (Hoffman, 2013: 25).

En este punto es acertado lo que Baudelaire refiere sobre la mujer en cuanto a que se conforma como el bello animal digno de ser contemplado y, paralelamente, es un producto de una locura bestial, tal es el caso de la mujer que comete un acto de violencia contra su marido (Ilustración 3). Aquí, la trascendencia zoomorfa se manifiesta en otro tipo de desfiguración mental, similar a una Noche del Walpurgis, donde las brujas experimentan movimientos desenfrenados notables en sus ropajes y que a su vez sus cuerpos muestran posiciones poco convencionales -se enroscan- y ocasionalmente dejan ver sus espaldas, éstas dirigidas al espectador. Por ejemplo, en la ilustración 6 y 7 evidencian movimientos corporales y una insistente parataxis (amontonamiento de los personajes) y, en la 6, el joven -bajo un fervor contemplativo- parece que muestra cierta confrontación con las extasiadas bestias. Siguiendo esta idea de lo animal con lo humano se añade lo mecánico que deviene en un hombre oscuro (Kayser, 2010), originado en los barrios pobres, símil perfecto de la máquina. Son obreros, algunas veces de origen oriental, que ejercen su profesión en un clima desolador tras un progreso inmediato (Ilustración 9). La metáfora política y social de esta máquina, atribuido a un estridente ferrocarril, se mimetiza en la vivencia aparente del carruaje ya que muestra la vida pomposa del dandi.

El personaje que representa un militar de edad avanzada es grotesco al convertirse en otro ser, en uno:

…serio y triste, que aflige a su caballo con su obesidad; el bonito oficial de estado mayor, ajustado en la cintura, contorneado los hombros, inclinándose sin timidez sobre los sillones de la damas, y que, visto [apariencia] de espaldas [a uno de los ] insectos más esbeltos y más elegantes. (Baudelaire, 2013: 18).
4. Henry Monnier. <i>Interiores</i>, ca. 1805-1877 ;Litografía a color.París, Francia
4. Henry Monnier. Interiores, ca. 1805-1877 ;Litografía a color.París, Francia

Lo anterior también sucede con el dandi sentado, en acto de inspección científica del seductor órgano de la prostituta. De la misma manera las torsiones exageradas causan repulsión, logrando desplazar los títulos burgueses para insertarse en las inmundicias de la sociedad.

De la misma factura, el que contempla aquello anitinatural y sobrenatural, que evoca prodigios medievales, puede llegar a los extremos, es decir se extasía con la bestia feminizada en vida para trasladarse a la insistente observación de lo cadavérico, en este caso Baudelaire en el poema XXX llamado “Carroña” de las Flores del Mal (1857-1949), lo representa de la siguiente manera:

Las moscas bordeaban sobre aquel vientre pútrido / del que salían negros batallones / de larvas negras, que corrían como líquido espeso / por esos vivientes girones  (Baudelaire, 2003: 97).

Es aquí donde encuentra una analogía con la dama galante en cuanto a su fría y pálida coloración de su piel, por lo que Baudelaire habla nuevamente del maquillaje al preguntarse

¿quién no sabe que la utilización de polvos de arroz, tan tenuemente anatematizados por los filósofos cándidos , tiene como finalidad y resultado hacer desaparecer de la tez todas las manchas que la naturaleza ha formado de forma ultrajante, y crear una unidad abstracta en el tono y el color de la piel , unidad que, como la producida por la envoltura, a próxima de inmediato al ser humano a la estatua, es decir a ser divino y superior?  (Baudelaire, 2013: 27).
5. Henry Monnier. <i>Les Grisettes en Enfer</i>, <BR>1830; Dibujo en acuarela.
5. Henry Monnier. Les Grisettes en Enfer, 1830;
Dibujo en acuarela.

La tercera noción se enfoca en el tratamiento de una figura demoniaca (Kayser, 2010). Este aspecto lo encontramos en una mujer desnuda lista para ser sodomizada o aquella que devela el mito de la femme fatal. [ii] La primera converge de dos maneras: a partir de síntomas morales en una época donde imperaba el puritanismo, donde se debía respetar el matrimonio, lo que provocó un auge de lo prohibido en las calles obscuras y de prostitutas y con ellas, cierta activación de la imaginación del victimario como señaló Baudelaire (Pochat: 2008). Y la segunda refiere a mujeres sin atavíos que evocan aquella naturaleza

…que no enseña nada, o casi nada, , es decir que constriñe al hombre a dormir, a beber, a comer y a protegerse, como puede contra las hostilidades de la atmósfera […] empuja al hombre a matar a su semejante, a comérselo, a secuestrarlo, a torturarlo… (Baudelaire, 2013: 26).

En esta concepción el hombre debe buscar la forma de evitar esa mujer, mediante el uso de torturas sexuales como son los lazos atados en manos, pies, cuello y torso con la denominación Bondage o Shibari con el objeto de dominar y después poseerla.

La denominación demoniaca que refiere Keller consiste en el reflejo de “la seducción, bendición, devorador de abismo” (Kayser, 2010: 184). Éstas son las mujeres fatales, aquellas que hipnotizan la mirada del hombre y encarnan todos los vicios de una sociedad en una afligida industrialización. Hay de diversos tipos:

6. Henry Monnier. <i>Les Grisettes en Enfer</i>, <BR>1830; Dibujo en acuarela.
6. Henry Monnier. Les Grisettes en Enfer, 1830;
Dibujo en acuarela.
…unas con aristocrático descuido un cuello precoz, las otras muestran con candor un pecho masculino. Tienen el abanico ante los labios, el ojo vago y fijo [Ilustración 2.]; son teatrales y solemnes como el drama o la ópera que simulan escuchar […] chicas de pequeños teatros […] todavía adolescentes, agitan sobre sus formas virginales[Ilustración 4, 5 y 6] y enfermizas disfraces absurdos […] Representa bien el salvajismo de una civilización. (Ibíd., 2013: 28-30).

Otras, la mujeres simples, se perciben como la contraparte del dandi, ya que se

…muestran postradas en actitudes desesperadas de tedio [mujer sentada en un gran taburete rojo], en indolencias de un cafetín[…] fumando cigarrillos para matar el tiempo, con la resignación de fatalismo oriental […]sentadas sobre taburetes y sillas; torpes, taciturnas, estúpidas, extravagantes (Ibíd., 2013).

Estos personajes, de tono melancólico (Ilustración 4 y 6) evocan lo inagotable y lo enigmático, se vinculan con aquellas comediantes razones “…de boato, un objeto de placer público” (Baudelaire, 2013: 30). De aquí parte lo grotesco vinculado con lo cómico, siendo este aquel que se inclina por lo estrafalario, bizarro, oriental “chinoserie” (Kayser, 2010) para mostrar la decadencia de la sociedad de forma caricaturesca en el sentido de “ la exageración que desfigura la forma de actuar como un factor dinámico que implica en la totalidad.” (Rosenkranz, 1853; citado en Eco: 2007) como se muestra en la absurda posición y gesto del dandi Pruhomme (Ilustración 1) y en la decoración del espacio: el tapiz al igual que el marco de las pinturas colgadas en la pared presentan estructuras arabescas, y, en el segundo plano, se vive un alboroto burgués (Ilustración 8). Dicha condición hilarante, es asociada por Vischer (Kayser, 2010) como el juego loco del azar, lo que alude al witz de Schlegel atribuido al enredo en las obras de Shakespeare y, en esta línea, Busch (Ibíd., 2010) lo aproxima al baile o la fiesta (Ilustración 1 y 2).

7. Henry Monnier. <i>Les Grisettes en Enfer</i>, <BR>1830; Dibujo en acuarela.
7. Henry Monnier. Les Grisettes en Enfer, 1830;
Dibujo en acuarela.

La visión autobiográfica de Baudelaire desde la teoría de lo “grotesco realista” comprueba la lógica sobre lo moderno en cuanto a que recurre tanto a situaciones absurdas y banales como a lo “…lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable” (Baudelaire, 2013). El escritor francés presenta el primer paso al arte moderno desde el corte con el pasado acontecido en la Revolución Francesa y en la Industrial, las nuevas formas de reflexionar, el envolvimiento a lo cotidiano, el progreso maquinista, la búsqueda del contenido poético y social de lo histórico y la separación del aspecto eterno de la moda.

En este sentido, Baudelaire retomará la verdad interna de Hegel, el acto creativo de los románticos alemanes y el orden objetivo y la fragmentación de las cosas de Courbet. El traspaso entre lo pasado y lo presente no se verá como una confrontación entre lo clásico y moderno, lo apolíneo y lo dionisiaco sino que tomará los caminos sentimentales e ingenuos sobre la poesía de Schiller y convocará una realidad, no en el sentido de lo que es, sino en el aparecer, en lo espiritual mediante el uso de imaginación (Pochat: 2008) que convoca el estado del yo y la relación solitaria.

El sentido “grotesco realista” es un vínculo interesante con las caricaturas de Monnier y la modernidad de Baudelaire porque representa el aparecer de una sociedad de avenidas, bulevares; distorsionada moralmente. También incluye lo que Baudelaire llamó como la facultad espectacular, característica fundamental observable en los bocetos inmediatos y memorísticos de Constantine Guys. A pesar de que Daumier consideró a la caricatura como no realista puesto que abarca el compromiso social que lleva a una sociedad a generar un cambio inmediato (Pochat, 2008) en las de Monnier dicho término aplica si se le da el sentido realista espiritual mediante elementos estéticos como: la imaginación del artista y la ingenuidad de sus personajes, siendo la primera pieza clave para exteriorizar dicha realidad.

 

8. Henry Monnier. <i>Les Grisettes en Enfer</i>, <BR>1830; Dibujo en acuarela.
8. Henry Monnier. Les Grisettes en Enfer, 1830;
Dibujo en acuarela.
9. Henry Monnier. <i>Carnicero, vendedor de pescado</i>, 1829;<BR> Litografía coloreada
9. Henry Monnier. Carnicero, vendedor de pescado, 1829;
Litografía coloreada


Bibliografía


Baudelaire, C., (2008) El pintor de la vida moderna (1863). Madrid, Langre.

_____________ , (2003) Las Flores del Mal. Buenos Aires, Losada.

Kayser, W., (2010) “Lo grotesco en el siglo XIX” en Valeriano B. (comp.), Lo grotesco. Su realización en literatura y pintura. Madrid, Machado Libros.

Berman, Marshall., (2003) “Baudelaire: El modernismo en la calle” en Andrea Morales Vidal (trad.), Todo lo sólido se desvance en el aire. La experiencia de la modernidad. Buenos Aires, Siglo XXI.

Champfleury J., (1992) “La ilustración y la caricatura” en Jean Lacambre (comp.), Su mirada y la de Baudelaire. Madrid, Visor.

Liessmann, K.P., (2006) “Hegel y la muerte del arte” en Alberto Ciria (trad.), Filosofía del Arte Moderno. Barcelona, Herder.

Pochat, G., (2008) “El siglo XIX (Entre 1820 y 1870)” en Joaquín Chamorro Mielke (trad.), Historia de la Estética y la teoría del arte. De la antigüedad al siglo XIX. Madrid: Akal.

Baudelaire, C., (2013) “El pintor de la vida moderna” en Archivo Compartido.

Hoffman, E.T.A., (2013) “El hombre de la arena” en Fundación Kwaba [En Línea]. México, disponible en:

http://fundacioakwaba.cat/web/files/El%20hombre%20de%20arena.pdf [Accesado el día 1de diciembre de 2014]


NOTAS


[i] “Hombre rico y ocioso; busca la felicidad. Es un hombre educado en el lujo y acostumbrado desde su juventud a la obediencia de los demás hombres[…]no tiene más profesión que la elegancia, gozará siempre, en todas las épocas, de una fisonomía distinta totalmente aparte.” (Baudelaire, 2008: 21 ).

[ii] Estos personajes ya no aluden a la mitología bíblica, griega, romana, entre otras, sino que aparece y pervive en la realidad social, siendo este otras pieza que abarca la vida cotidiana victoriana Europea, principalmente en Francia y Reino Unido.

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