abcabcabc La consagración de la primavera como la “Arcadia” de la interdisciplinariedad artística | AUGUR ◆ Estudios Visuales
La consagración de la primavera
Arte del s.XX 1

La consagración de la primavera como la “Arcadia”
de la interdisciplinariedad artística

Por: José Alberto Alavez Castellanos.

 

En la Naturaleza no existen sino realmente individuos, y los géneros, órdenes y clases sólo existen en nuestra imaginación.

Georges Louis Leclerc, conde de Buffon

 

I.

Nuestro aún prevaleciente gusto por las taxonomías nos hace localizar y colocar fronteras que delimitan, seccionan y, ante todo, categorizan cuanto generamos. Las manifestaciones artísticas no han logrado eludir este afán clasificatorio a pesar de esa supuesta predilección de nuestros días por lo “interdisciplinario”. Tanto en los centros formativos, como en las investigaciones, así como en los espacios donde circulan y se aprecian las artes, se presentan marcados confines que si bien, de vez en cuando tienen sus entrecruzamientos, rara vez logran el verdadero trastoque de sus linderos. Así, se vuelve sumamente extraño que se presente pintura en una sala de conciertos o que se realice un concierto dentro de una galería –claro, a menos que se trate de un “complemento” o “apéndice accesorio” de las actividades habituales del recinto.

De este modo, el concepto de la Gesamtkunstwerk u “obra de arte total” acuñado por K. F. E. Trahndorff, pero principalmente difundido por Richard Wagner, parece haberse diluido en medio de un sinfín de utopías inalcanzables cuyo anhelo, desde el imaginario pedestal de las bellas artes, ha desembocado en su fracaso relativo o en su éxito parcial, según se aprecie.

Hoy día, quizá sea más probable encontrar disciplinas artísticas entretejidas en espectáculos masivos de música pop o en otro tipo de divertimentos más bien distantes de la llamada “alta cultura”, porque en la creación artística –digamos “académica”- gobierna ante todo la búsqueda del éxito individual, antes que el colectivo; la proposición de derroteros creativos “únicos”, antes que de movimientos o corrientes unificadoras; la sobre-especialización disciplinaria, antes que la interdisciplinariedad; la heterogeneidad entre –y dentro- de las artes, antes que su homogeneidad.

Conviene mencionar también, que el contexto imperante favorece la disgregación de las artes propiciada germinalmente por los artistas. El consumo de arte, a través del público, se encuentra diversificado y es habitual que no exista correlación entre los públicos de una y otra disciplina. Los visitantes usuales de los museos de arte plástico no frecuentan numerosos montajes teatrales, los lectores ávidos no necesariamente asisten al cine con frecuencia, y los escuchas en presentaciones de música “clásica” no son necesariamente visitantes asiduos de los museos de arte plástico… Exactamente lo mismo sucede en los círculos de investigación, condicionados igualmente por las anteojeras de la sobre-especialización.

Una vez descrito –aunque sea muy someramente- el problema general de la interdisciplinariedad artística en nuestros tiempos, podemos comenzar a adentrarnos en las características y condiciones que constituyeron a una de las creaciones que justamente podría ser considerada como genuinamente interdisciplinaria: La consagración de la primavera.

II.

El 29 de mayo de 1913, en el Teatro de los Campos Elíseos, se estrenó La consagración de la primavera de Igor Stravinsky, una de las obras que a la postre se convertiría en piedra medular de la música vanguardista del siglo XX. Basta con escuchar los primerísimos compases de los alientos madera para percatarse de las innovaciones melódicas y armónicas con las que Stravinsky se aventuró a desafiar los paradigmas tradicionales de la música occidental. Conforme avanza la pieza, poco a poco, en medio de una bruma acústica, se van integrando las capas sonoras que finalmente llegarán a brutales clímax estridentes –en nada desagradables, sino más bien emocionantes-, a través de los cuales, se hace justicia al elocuente subtítulo de la obra, a veces no siempre mencionado: Escenas de la Rusia pagana. Irónicamente, la vanguardia recurrió a lo primitivo, a “lo pagano”, para urdir el asalto mortal en contra del sentimiento de modernidad de la Belle Époque en medio del caldo de cultivo que ya estaba preparando la Gran Guerra.

Como la guerra moderna que habría de venir, la música de Stravinsky era al mismo tiempo maquinal y rupestre. El asalto de las percusiones, como el asalto de los cañones –cada vez más grandes- es protagónico en La consagración de la primavera y, como si no bastara con la relevancia de la sección de percusiones, en más de una ocasión las cuerdas abandonan su inherente cualidad melodiosa y se unen a la arremetida, como aquellos hombres que, vueltos soldados, se ven obligados a percutir gatillos con las mismas manos que antes sirvieron a tareas mucho más delicadas y nobles.

Si bien son identificables algunos temas o motivos que se van desarrollando a lo largo de la obra, la pieza se debe de entender como un todo secuencial en donde los pasajes generan impresiones sucintas que se van complementando entre sí y que en suma construyen el carácter y la narrativa general, misma que se esclarece aún más si se tiene conocimiento de los títulos de los episodios que la constituyen:

Primera Parte: La adoración de la tierra

  • Introducción
  • Los augurios de la primavera
  • Ritual de abducción
  • Las ruedas de la primavera (“Khorovod”)
  • El ritual de las tribus rivales
  • Procesión del sabio
  • La danza de la tierra
  • Segunda Parte: El sacrificio

Introducción

  • Los círculos místicos de las jóvenes
  • Glorificación de la elegida
  • Evocación de los ancestros
  • Acción ritual de los ancestros
  • La danza del sacrificio

El atrevimiento musical de Stravinsky –por supuesto vituperado por un buen número de los asistentes a la premiere-, se exacerbó aun más con la también novedosa coreografía montada por su paisano Vaslav Nijinsky, quien perturbó los convencionalismos del lenguaje dancístico manteniendo una importante tensión en buena parte de la obra y privilegiando los movimientos violentos y claramente marcados, por encima de la sutileza y fluidez hasta entonces habitual en la danza clásica. Así como en la música, en el trabajo de Nijinsky se percibe la apuesta por el retorno a lo primigenio; el arte vuelve a su origen ritual.

Nijinsky había colaborado con Sergei Diaghilev –fundador y entonces director de los Ballets Ruses- justo un año antes de La consagración , como coreógrafo e interprete de La siesta del fauno, ballet de un acto con música de Claude Debussy. Desde entonces, Nijinsky apuntaló a las innovaciones técnicas y expresivas en la danza, desacatando el rigor academicista e incluyendo en sus presentaciones claras connotaciones eróticas, las cuales, le valieron fuertes críticas. El propio Debussy, inconforme con la interpretación dancística de su música, se referiría al coreógrafo como “Nijinsky, el terrorista[1], mientras que el pintor simbolista, Odilon Redon, amigo personal de Mallarmé –autor del poema que inspiró a la música de Debussy- declararía: “más que nadie, [Mallarmé] hubiera apreciado esta maravillosa evocación de sus pensamientos”.[2]

La polémica circundó a los trabajos del bailarín y de hecho, el propio Stravinsky se mostró ambivalente en relación con su colaboración en La consagración de la primavera. Por una parte, el compositor reconocía el innegable talento de Nijinsky cuando se presentaba en el escenario; pero, por otra parte, dudaba de sus habilidades como coreógrafo al no tener formación musical.[3] La partitura de Stravinsky presenta secuencias rítmicas complejas y pulsaciones irregulares, lo cual complica considerablemente tanto la labor del coreógrafo, como la de los bailarines. De un modo intuitivo y perceptual, antes que racional y rigurosamente técnico, la coreografía de Nijinsky se acopla magistralmente a la música de Stravinsky; de nuevo, es la ruptura con el academicismo lo que, en este caso, logra la integración de las partes en un conjunto contundente.

Menos conflictiva que la relación con Nijisky, fue la que Igor Stravinsky sostuvo con Nicholas Roerich, encargado del diseño de la escenografía y los vestuarios de La consagración de la primavera. Stravinsky conoció a Roerich en 1909, mientras que el compositor se disponía a trabajar en el ballet El pájaro de fuego, Roerich realizaba el diseño de la escenografía de las Danzas Polovtsianas –ambos montajes, bajo la dirección de Diaghilev-. Para entonces, Roerich ya era una figura consagrada en el ambiente cultural y académico ruso, con prolíficos trabajos literarios, estudios de los antepasados eslavos y un buen número de obras plásticas que contaban con la aceptación de las élites intelectuales. El multifacético personaje, brindó a Stravinsky parte del bagaje antropológico necesario para la configuración de los motivos folclóricos y rituales que se iban a incluir dentro de La consagración. Aunado a ello, las facultades artísticas de Roerich desembocaron en el diseñó del vestuario del ballet, entremezclando diseños ancestrales con síntesis formales y cromatismos propios de las vanguardias plásticas de aquel momento. Los telones de fondo que fungieron como escenografía de La consagración en 1913, también surgieron del pincel de Roerich, retomando en ellos la fluidez en la pincelada y la brillantez cromática propia de los post-impresionistas y los llamados fauves de la pintura de Europa Occidental.

Cabe recalcar cómo el juicio del tiempo colocó en segundo plano la participación de Nicholas Roerich, a pesar de que al momento de la concepción del ballet, él era el personaje con mayor reconocimiento, muy por encima de Stravinsky o Nijinsky. Esto se debe a que la aportación de Roerich no fue precisamente arriesgada si se le compara con lo que propusieron Stravinsky y Nijinsky. De hecho, para el propio Stravinsky, La consagración de la primavera fue su trabajo más aventurado, en ninguna sus obras previas o posteriores se hizo tan prominente su afán por la experimentación sonora y su intento por llevar al límite las convenciones musicales.

III.

Entre el público del estreno de La consagración de la primavera, se encontraba Jean Cocteau, quien algunos años más tarde escribió Parade, ballet de un acto que presentaron los Ballets Ruses en 1917 y en cuya factura, colaboraron nada más y nada menos que algunas de las figuras más prominentes del arte de aquel entonces: en la música, Erik Satie; en la coreografía, Léonide Massine; en el diseño de escenografía y vestuarios, Pablo Picasso.

¿Fue la primera mitad del siglo XX el único contexto posible para lograr la interdisciplinariedad exitosa? ¿Tal éxito se debió a los propios artistas o a la existencia de agentes como Diaghilev y los Ballets Ruses, los cuales, lograban su conjunción? ¿Existe hoy día el nivel artístico para empeñarse en la búsqueda de la Gesamtkunstwerk wagneriana? En las artes, el tiempo presente siempre es el más incierto y ante la inseguridad tenemos los mitos, en este caso, el mito pagano de La consagración de la primavera como la “Arcadia” de la interdisciplinariedad artística.


Bibliografía

  • Bowlt, John E. Moscow and St. Petersburg 1900–1920: Art, Life and Culture. New York: The Vendome Press, 2008.
  • Garafola, Lynn. The Ballet Russe and its World. New Haven, CT: Yale University Press, 1999.
  • Grigoriev, Serge . The Diaghilev Ballet 1909–1929. London: Constable, 1952.
  • Hill, Peter. Stravinsky: The Rite of Spring. Cambridge: Cambridge University Press, 2000.
  • Kelly, Thomas Forrest. First Nights: Five Musical Premieres. New Haven: Yale University Press, 2000.
  • Purvis, Alston. The Ballets Russes and the Art of Design. New York: The Monacelli Press, 2009.
  • Scheijen, Sjeng. Diaghilev: A life. Londres: Profile Books LTD, 2009.
  • Van den Toorn, Pieter C.. Stravinsky and the Rite of Spring: The Beginnings of a Musical Language. Berkeley and Los Angeles: University of California Press, 1987.
  • Walsh Stephen. Stravinsky. A Creative Spring: Russia and France 1882-1934. Berkeley, California: University of California Press, 2003.

NOTAS


[1] Scheijen, Sjeng. Diaghilev: A life. Londres: Profile Books LTD, 2009, p.269.

[2] Le Figaro, 31 de mayo de 1912.

[3] Walsh Stephen. Stravinsky. A Creative Spring: Russia and France 1882-1934. Berkeley, California: University of California Press, 2003, p.179.

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1 Comentario

  • […] el texto “La consagración de la primavera, como la “Arcadia” de la interdisciplina artística&… de José Alberto Alavez, se menciona la segregación disciplinaria que priva a las artes hoy día y […]

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