abcabcabc Julio Ruelas:Identidad y mexicanidad en las ilustraciones de El Mundo Ilustrado | AUGUR ◆ Estudios Visuales
Julio Ruelas. En las posadas, aprovechando la ocasión. El Mundo Ilustrado, 19 de diciembre de 1897.
Arte mexicano del s.XIX 2

Julio Ruelas:
Identidad y mexicanidad en las ilustraciones de El Mundo Ilustrado

Por: José Alberto Alavez Castellanos.

José Guadalupe Posada. La primera figura americana de alcance universal en el dominio de las artes plásticas fue un oscuro artesano que nunca fue considerado por sus contemporáneos como un verdadero artista. Si se hubiese preguntado a los críticos mexicanos de aquellos años el nombre del mejor grabador, habrían dicho sin vacilar: Julio Ruelas – un artista de innegable distinción pero que no fue más allá de sus maestros europeos.  [1]

Octavio Paz.

 

A pesar de que el fragmento de Paz se focaliza fundamentalmente en Posada, recurro a él como punto de partida, porque en sí, se hacen palpables una serie de concepciones y presupuestos que han distorsionado la percepción de la obra de ambos artistas, pero sobre todo, la de Ruelas. El ganador del premio Nobel Literatura de 1990, acierta en que los críticos de aquellos años no reconocieron la labor artística de Posada, pero sus palabras dejan abierta la especulación sobre los porqués: la crítica de la época no se ocupó en Posada no porque vituperasen su obra, sino simplemente, porque su producción no se desenvolvió en los circuitos que ocupaban a los críticos de aquél entonces; además, no se puede perder de vista que el mismo Posada se hubiera descrito antes como impresor, grabador, dibujante e ilustrador, que como artista, y que el reconocimiento de su obra como parte fundamental de la historia del arte mexicano, no se dio hasta algunos años después de su muerte. [2]

En sentido opuesto, la obra de Ruelas reconocida –y en algunas ocasiones, reprobada– por los críticos de la época, pasó a un segundo plano en las décadas ulteriores a su muerte, en gran medida, por su aparente distancia con la realidad social de su momento y por su incongruencia con los valores plásticos que dieron forma a la noción del “arte mexicano” en la primera mitad del siglo XX. En ese sentido, las palabras de Paz citadas al comienzo de este texto, hacen énfasis en la codependencia que la obra del artista de origen zacatecano estableció con sus “maestros europeos”, supeditación en la que han coincidido varios estudiosos de la obra de Ruelas a partir de la percepción de que el repertorio iconográfico que la conforma –salvo contadas excepciones– no concuerda con la noción de “lo mexicano”; no obstante, conviene aquí cuestionar ¿Qué es “lo mexicano” y cómo repercute su concepción en el aprecio de las manifestaciones plásticas, sobre todo, en el de aquellas que fueron producto de un periodo histórico particularmente complicado y polivalente, como el Porfiriato?

El concepto de la identidad nacional y su resonancia en el arte, son producto de la selección y discriminación caprichosas de un conjunto de características que directa o indirectamente soportan el sistema que legitima el statu quo imperante. La obra de Ruelas se dislocó del proyecto posrevolucionario de reconstrucción de la identidad nacional y pasó a ser una suerte de apéndice sui géneris del academicismo decimonónico europeizado, cuya fecundación quedó encasillada en el plano de lo simbólico, lo imaginario, lo anacrónico y sin ningún regionalismo evidente; empero, una lectura integral de la obra de Julio Ruelas alejada de presupuestos, permite advertir atisbos de mexicanidad que, a pesar de no ser tan evidentes como en la obra de otros artistas acordes al canon nacional, dejan entrever su consustancialidad meramente mexicana. Para ahondar en este punto, aludiré a una ilustración de Ruelas publicada en El Mundo Ilustrado el 19 de diciembre de 1897 (il.1), la cual, es tan “mexicana” como cualquiera impresa en las hojas volantes de José Guadalupe Posada, pero con un matiz menos manifiesto:

1.<em>En las posadas, aprovechando la ocasión</em>.<br />
<em>El Mundo Ilustrado</em>,19 de diciembre de 1897.
1.En las posadas, aprovechando la ocasión.
El Mundo Ilustrado,19 de diciembre de 1897.

A primera vista, puede parecer que el episodio representado por Ruelas bien podría estarse llevando a cabo dentro de un palacete en algún lugar de la Europa finisecular: el espacio dispuesto y decorado conforme al estilo tardovictoriano, las mujeres ataviadas con vestidos evening gown eduardianos, los caballeros portando chaqués, y los niños y niñas haciendo uso de la incipiente moda infantil; conforman la escena donde el galanteo de la pareja en primer plano es el principal foco de atención, entretanto, el resto de los personajes contextualiza el incidente y armoniza la composición mediante su disposición en sección áurea. Ahora bien, en este escenario típicamente costumbrista, aparecen elementos que indican que la escena no podría estarse desarrollando en otro lugar más que en el México de finales del siglo XIX: en primer lugar, los niños están recogiendo la colación de la piñata recién rota y aunque la acción se dé en un lugar distante de las calles de un barrio popular o de los patios de alguna vecindad; el carácter tradicional y localista del acontecimiento, no se pierde. En segundo lugar, la fisonomía de los personajes denota quiénes sirvieron como modelos: la muchacha cortejada es Margarita Ruelas [3] y el joven que aparece en el plano más distante es Alejandro Ruelas; [4] los rasgos mestizos de los hermanos de Julio Ruelas son testimonio de un importante grupo tipológico que a fin de cuentas fue tan “nacional” como el indígena-campesino-obrero multicitado y mitificado en el arte posrevolucionario, pero como ya he mencionado con anterioridad, las representaciones de personajes mexicanos disonantes al paradigma inventado del “mexicano” –como los pequeños burgueses retratados por Ruelas– son extrañas si se les juzga con base en los referentes obligatorios e inamovibles que dieron forma a la concepción de buena parte de “lo mexicano” en el arte.

Los recursos plásticos utilizados por Ruelas, también establecen un vínculo con su contexto artístico inmediato. La técnica y las características plásticas de su “crónica de costumbres” publicada en El Mundo Ilustrado, si bien son equiparables a las de algunas ilustraciones que aparecían en publicaciones periódicas europeas decimonónicas, poseen un vínculo más inmediato con los trabajos de ciertos artistas e ilustradores que representaban escenas de la vida cotidiana en la prensa mexicana de aquellos años, como José María Villasana, Antonio Bribiesca y Leandro Izaguirre. De hecho, la técnica del gouache [5] de Ruelas es más cercana a la de sus compatriotas, que a la de los artistas europeos con los que comúnmente se le ha relacionado: mientras que en las obras realizadas al gouache por Jan Toorop, Max Klinger o Felicien Rops, se privilegia claramente lo lineal por encima de lo pictórico, en las de Ruelas y sus compatriotas, el dibujo queda diluido por debajo de las distintas capas pictóricas que generan las tonalidades de color; aunado a ello, las aplicaciones de gouache de los artistas europeos son más diáfanas y ligeras que las de Ruelas y sus coterráneos, quienes aplicaban capas mucho más densas, quizá producto del desconocimiento de los purismos de la técnica, [6] ya que tras revisar los programas de estudio de la Academia de Bellas Artes vigentes en los años de formación de Ruelas e Izaguirre,  [7] se puede inferir que la técnica del gouache no era enseñada en la institución, por lo que muy probablemente, su aprendizaje fue un tanto autodidacta y a partir de principios distantes de la Academia.

Para concluir con las reflexiones en torno a la ilustración de Ruelas publicada a finales de 1897, no se debe aislar la imagen del soporte que sirvió para su circulación. El Mundo Ilustrado fue una de las publicaciones más populares entre las élites conservadoras del Porfirismo, y en sus páginas, quedaron plasmadas las aspiraciones al cosmopolitismo y el estilo de vida bajo el influjo de la Belle Époque. La ilustración de Ruelas, concuerda con el tono de la publicación y aunque la ejecución plástica es agraciada, no deja de tratarse de una imagen ligera, sencilla y algo banal. Pero incluso, a partir de esa banalidad y superficialidad, se puede realizar una lectura de ciertos ideales de la época a través de los cuales, determinados sectores de la sociedad mexicana procuraron su inmersión en el proceso de globalización cultural latente en Occidente desde la Segunda Revolución Industrial. Las apropiaciones y la mímesis de otros horizontes culturales, a fin de cuentas, surgen sólo a partir de la conciencia de lo propio y lo extranjero, y en medio de ese proceso de asimilación, surgen manifestaciones artísticas sinceramente nacionales como la viñeta En las posadas, aprovechando la ocasión de Julio Ruelas.

La viñeta referida con antelación, se encauzó en la recreación del espacio doméstico aristócrata del México finisecular, pero algunas otras ilustraciones de Ruelas –publicadas también en El Mundo Ilustrado– refieren a espacios públicos habitados por personajes de muy distinta naturaleza cuyas tipologías y conductas, aparentemente, podrían dar fe de claros “mexicanismos” en la obra rueliana; no obstante, su extrañeza, pero sobre todo el modo en el que el artista se aproximó los motivos “típicos”, las convierten en imágenes costumbristas algo deshonestas cimentadas más en convencionalismos que en perspectivas artísticas elocuentes.

En el díptico La igualdad ante la embriaguez (il.2), publicado en El Mundo Ilustrado el 2 de enero de 1898, se enfrentan las representaciones de una pulquería y una cervecería [8]. Ambas viñetas, son protagonizadas por una tercia de personajes masculinos ataviados según su condición social: los bebedores de pulque y el pulquero visten de manera austera, como campesino descalzo, como charro de poca monta o con un sencillo delantal y una estropeada camisa; por otra parte, los individuos de la cervecería, hacen gala de vestimentas a la moda y portan sombreros Homburg, de copa o de bombín. El grado de suntuosidad de ambos recintos remarca sus diferencias: mientras que la barra es el único mobiliario visible de la pulquería; en la cervecería se aprecian los respaldos del algunas sillas vienesas, quinqués electrificados y una estantería que presume una extensa gama de licores. De este modo, pareciera que el título La igualdad ante la embriaguez, más bien muestra “la desigualdad ante la embriaguezy es que la actitudes de los personajes y su interacción –cuestiones que debieron de haber sido el nexo unificador entre ambas viñetas– sugirieren las dificultades a las que Ruelas se enfrentó ante la necesidad de representar una y otra escena.

2.La igualdad ante la embriaguez.
El Mundo Ilustrado,, 2 de enero de 1898 (fechado '97 por Ruelas)

A través de cuantiosas referencias en los testimonios de los amigos, conocidos y colegas del artista, se sabe que Ruelas frecuentaba lugares “con mueblaje sencillo, pero decoroso, limpio y cómodo conforme a las germánicas costumbres […] donde dejó apuntes admirables”, [9][…] sentado en el rincón del salón, frente a su vaso de cerveza, que vaciaba cada cinco minutos”; [10] por lo que no sería descabellado afirmar que el suceso representado en la viñeta de la cervecería, es fidedigno a los ambientes merodeados por Ruelas, y que gracias a ello, logró recrear exitosamente la atmósfera del lugar, captando numerosos detalles y consiguiendo la interacción y el diálogo entre los distintos agentes que conforman la imagen. [11]

Contrariamente, la escena de la pulquería aparece algo desencajada y pareciera que la asociación de sus componentes surgió desde la conjunción –a posteriori– de apuntes aislados y no a partir de la experiencia perceptiva de un escenario en conjunto; los personajes no muestran interacción evidente entre sí y sus actitudes ambiguas no permiten identificar el talante del episodio. El motivo de una pulquería en la Ciudad de México, bien podría estar circunscrito en las representaciones de “la mexicanidad” en el arte nacional, pero Ruelas no profundizó en la complejidad del recinto ni en la individualidad de su concurrencia, limitando su valor simplemente, a lo anecdótico y testimonial.

Mediante el par de viñetas de La igualdad ante la embriaguez, el artista mexicano de fin de siècle demostró una vez más, por medio de su obra, el acierto y la sensibilidad adecuados para la representación de escenas costumbristas que eran familiares en su contexto y acordes a su forma de vida; mientras que escenas populares como la de la pulquería, resultan menos interesantes, lo cual pone en evidencia el distanciamiento del artista hacia el asunto. Las ilustraciones de Ruelas de carácter costumbrista protagonizadas por la aristocracia porfirista, en conjunto con sus retratos al óleo, y los dibujos y viñetas de sus colegas y amigos de la Revista Moderna; conjuntan un corpus de obra que a pesar de su falta de apego a las conjeturas sobre lo nacional y “lo mexicano”, dan muestra de su incuestionable raigambre que sería extranjera en todo sitio, menos en México.


NOTAS


[1] Octavio Paz, “José Guadalupe Posada y el grabado latinoamericano” en México en la obra de Octavio Paz; III. Los privilegios de la vista. Arte en México (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 1987),182.

[2] Principalmente, gracias al enaltecimiento y admiración de su obra por parte de artistas de la talla de Jean Charlot, José Clemente Orozco y Diego Rivera. Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones y el justo aprecio por el trabajo de José Guadalupe Posada, su inclusión a posteriori entre los hitos del arte nacional ha resultado contraproducente en más de una ocasión, ya que varios de los estudios en torno a su labor artística se han circunscrito en los halagos vacíos, la sobre-interpretación y la lectura errónea de los valores plásticos de su producción; en detrimento del análisis de las cualidades extraordinarias inherentes a los procesos de creación y consumo de la obra.

[3] Julio Ruelas realizó un par de retratos al óleo de su hermana en 1897, ambos afortunados ejemplos de los poquísimos retratos que realizó de personalidades femeninas.

[4] Alejandro Ruelas –médico de profesión– apareció una y otra vez en numerosos estudios y apuntes realizados por Julio Ruelas; el hermano del artista, también fungió como rudimento de varias de sus creaciones “ficticias” figurándose como Pierrot leyendo en el lienzo Pierrot Doctor (1897) y como fauno o centauro -tras las pertinentes transformaciones en su fisonomía– en algunas otras telas y en varias viñetas realizadas para la Revista Moderna.

[5] “El público no suele diferenciar bien el gouache de la acuarela; en una y otra técnica se trata de pinturas de agua gomosa; pero el gouache es más pastoso, mientras que la acuarela resulta más ligera; la acuarela utiliza las transparencias de los tonos y obtiene las luces, aprovechando la claridad del blanco del papel sobre el que se pinta; el gouache sí utiliza el color blanco […] tanto las luces como las tonalidades claras se consiguen por medio del color blanco […] El gouache se practicó con profusión en Francia durante la segunda mitad del siglo XVIII […]” Gonzalo M. Borrás Gualis, “Las técnicas de la pintura” en Introducción general al arte: arquitectura, escultura, pintura y artes decorativas (Madrid: Ediciones Istmo, 1994), 263-65.

[6] “Un gouache bien pintado no debe tener gruesos empastes ni capas muy espesas de pintura, ya que podría agrietarse.” Ralph Mayer, Materiales y técnicas del arte (Madrid: Tursen, Hermann Blume Ediciones, 1988), 354.

[7] Vid., Eduardo Báez Macías, Guía del Archivo de la Antigua Academia de San Carlos (Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas, 1993), 39-61.

[8] Un par de páginas antes de la aparición del díptico realizado por Ruelas, se puede leer en el mismo número del magazine la simpática exégesis:

“Ruelas ha trabajado dos cuadros [sic.] del más profundo realismo, sugestivos en alto grado y que hallarán nuestros lectores en este número.

¿Conque puede haber un punto de contacto entre el dandy y el pelado, conque hay determinada hora, determinado momento, en que el miembro del Jockey, el sportman elegante, el lagartijo del bulevar, se asemejan, más aún, se igualan al infeliz andrajoso que se ahíta de pulque en una taberna?

Sí, señor y este prodigio lo realiza el alcohol, que mata todas las finezas, destruye todas las capas sugestivas de la urbanidad que recubren al caballero, y pone a la vista la parte vil de su individualidad: la bestia”

“Nuestros grabados [sic.]: La igualdad ante la embriaguez” en El Mundo Ilustrado, 2 de enero de 1898: 4.

[9] Ciro B. Ceballos, “El dios del vino” en Panorama mexicano 1890-1910 (Memorias) (Ciudad de México: UNAM, colección Al Siglo XIX. Ida y Regreso, 2006) 70-71.

[10] Jorge Enciso, “Homenaje a Julio Ruelas”, Revista Moderna de México, noviembre de 1907: 168-69.

[11] Podría incluso sospecharse que Ruelas haya utilizado una fotografía como referencia para la creación de esta ilustración.

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