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Opinión 1

“Infancia y eso” que te encuentras en el camino

Por: Carlos Segoviano.

Magali Lara, Frida Kahlo, 1990

Como los recuerdos, los cruces con el arte suelen estar cargados por el azar y las filias “que escogemos lo más afín a nuestro proyecto como personas”[1] y a las que continuamente volvemos. En el caso de la obra de Magali Lara mi primer encuentro se dio en el contexto de estudiar a los artistas mexicanos que comenzaron a producir obras en los años 70 y 80’s en torno a la reflexión de su identidad como fragmentos rehechos por medio del arte[2] y que encontraron en el quehacer autobiográfico de Frida Kahlo, un antecedente de una estética “tejida” por listones que unían los resabios del dolor de los accidentes, las operaciones y el mal de amores.

Más de un lustro después, estudiando en Buenos Aires y tras ver el único cuadro de Frida Kahlo en Sudamérica en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), escuché en una clase que una de mis compañeras –que resulto ser mexicana- trabajaba en una galería (Walden) dónde se presentaba la obra de Magali Lara. De inmediato pensé en Frida, a los pocos días me fui a ver la muestra.

El camino presentaba el inconveniente de que la Galería Walden se encuentra en el barrio de La Boca, al que a los turistas se aconseja no acudir solos, pero como buen chilango curtido en las colonias precarias de la ciudad de México, me aventuré para comprobar que en realidad el lugar es muy colorido y el sitio de la exposición de fácil acceso, a lo que se suma la sutil elegancia del espacio de exhibición.

Magali Lara, <em>Lo que soy, </em>collage.
Magali Lara, Lo que soy, collage.
Frida Kahlo, <em>Mis padres, mis abuelos y yo</em>, 1936
Frida Kahlo, Mis padres, mis abuelos y yo, 1936

El primer cuadro y justo se aparece Frida. La obra de Lara titulada Lo que soy, a partir de tinta china y acuarela presenta un extraordinario árbol genealógico en el cual no sólo refiere a sus parientes cercanos, sino que Magali Lara establece como parte destacada de su estirpe identitaria a su relación con personas más allá de su paso efímero o meramente simbólico como el de “gente de la infancia”, los “maestros de entonces”, “gente que conocí y significó mucho”, “gentes que me han jodido”, así como “gente que me hubiera gustado conocer”; en este último apartado Frida Kahlo[3], de quien muestra su imagen en la esquina superior izquierda de la obra, por medio de una fotografía de su Autorretrato con pelo corto elaborado tras su divorcio con Diego Rivera, esa “gente que significó mucho”, pero que también “la jodió” y por lo cual cortó su cabello –adoración del muralista-, como representación de su ruptura. De manera indirecta el collage de Lara también evoca al propio árbol genealógico de Frida, Mis abuelos, mis padres y yo, en el que la pintora se pintó como en un moderno cuadro de castas, producto de la relación del parentesco europeo más allende del mar de su padre con la herencia “volcánica” mexicana de su lado materno.

Magali Lara, <em>Sielo</em>
Magali Lara, Sielo

La muestra titulada “Infancia y eso”, recorre diversas obras del quehacer artístico de Lara que apuntan hacia sus memorias como trazos líricos de momentos y personajes impactantes en su vida; es por ello que otras obras de Magali Lara parecen continuar el diálogo con Frida, a partir de una apropiación inteligente y creativa –y no como mero pastiche. Tal es el caso de la serie Sielo, cuya falta ortográfica rememora la violación poética del lenguaje que hiciese Kahlo en una carta a Carlos Pellicer en 1947:

“¿se pueden inventar verbos? quiero decirte uno: yo te cielo, así mis alas se extienden enormes para amarte sin medida”[4]

La inclusión del error en Lara, apunta hacia “las faltas de ortografía porque me revelan estructuras más oscuras, mis impedimentos, eso que te detiene antes de atreverte”, lo cual se precisa en la escritura de “cielo” con “S”, como un zigzagueante camino, lleno de pruebas-obstáculos como la rayuela, para lograr alcanzar el paraíso tras las caídas morales, la contemplación y los misterios.

En otra semejanza a Frida, la obra de Lara también se nutre del dolor, en particular, del derivado por el accidente en que murieron su hermano y su cuñada que le llevaron a reflexionar sobre el papel que fungimos en el duelo como hijos, hermanos o madre, por medio de objetos cotidianos que se impregnan y ocultan nuestros avatares y quehaceres. Magali Lara tapa con una campana en forma de seno un plato que lleva la palabra “madre”, cual Frida cubriera el rostro de progenitora en su pintura Mi nacimiento, precisamente por el fallecimiento de la mujer que le dio vida.

Magali Lara, <em>Madre</em>
Magali Lara, Madre

El corpus de obras de Lara expuestos en Walden que van de las palabras unidas a retazos de imágenes expresan el conflicto poético entre el trauma y su memoria como parte de un linaje artístico mexicano que ha sido posible ver y rememorar desde Buenos Aires.


NOTAS

[1] Magali Lara, “El centro”, Magali Lara.com [Dirección URL: http://www.magalilara.com.mx/index.php?accion=tema&cat_id=3].

[2] Julio Galán, Nahum Zenil, Lucía Maya o Georgina Quintana.

[3] “Desde dentro de mí era difícil poder mirar con claridad, así que me gustaba encarnar a personajes distintos: Frida Kahlo” (Magali Lara, “historias de casa”, Magali Lara.com [Dirección URL: http://www.magalilara.com.mx/index.php?accion=tema&cat_id=3].

[4] Reproducido en Martha Zamora, El pincel de la angustia, p. 221.

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1 Comentario

  • Margarita Claro dijo: 26 septiembre, 2016 at 9:09 pm

    Excelente la obra de esta gran artista.
    Muchas felicidades Carlos Segoviano, nos transportas entre artistas; rompiendo estilos, tiempo y tecnicas.

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