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Arte mexicano del s.XIX 2

De general a Primer Emperador Mexicano; Imágenes de Agustín de Iturbide

Por: María del Carmen Martín Navarrete.

“El amor á la patria me condujo á Iguala: él me  llevó al trono: él me hizo

descender de tan peligrosa altura; y todavía no me he arrepentido, ni de

dejar el cetro, ni de haber obrado como obré.”

Agustín de Iturbide [1]

 

La Independencia de México fue un momento jubiloso y coyuntural que implicó la construcción de un nuevo Estado. La entrada de Agustín de Iturbide (1783-1824) a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821 como libertador de la Nueva España abrió las puertas Primer Imperio Mexicano y dio inicio a una nueva etapa en la historia de México. ¿Cómo se representó en la pintura dicho acontecimiento? ¿Quiénes y cómo fueron partícipes? ¿El arte fungió como instrumento del poder?

Para resolver las preguntas planteadas, el presente artículo tiene como objetivo analizar un corpus de cuatro imágenes en el cual se destacarán las características con las que se presentó Iturbide en su entrada triunfal a la capital de la otrora Nueva España y unos meses después, el 21 de julio de 1822, cuando fue coronado como el Primer Emperador Mexicano.

Vientos de renovación

Hacia 1808, soplaron vientos de cambio en el territorio novohispano, los cuales cobraron mayor fuerza en 1810. En la madrugada del 16 de septiembre de dicho año el cura criollo Miguel Hidalgo (1753-1811) arengó a los habitantes del pueblo de Dolores para sublevarse, sin imaginar que dicho levantamiento concluiría casi once años después con la independencia de la Nueva España y el nacimiento del Primer Imperio Mexicano. El movimiento pasó por diversas etapas y quienes estuvieron al mando no siempre tuvieron claro si buscaban la autonomía o la independencia, y en caso de lograr esta última, qué camino político habría de seguirse.

Para 1820 la insurgencia se estaba desvaneciendo, de aquel “Grito de Dolores” sólo habían quedado ecos y los efectos económicos de diez años de guerra se iban haciendo visibles. [2]  El ejército cobraba cada vez mayor relevancia, por ejemplo, con incursiones de algunos militares en el comercio. [3] Por su parte, en la “Madre Patria” se desató una revolución de corte liberal que obligó al monarca Fernando VII a aceptar la Constitución de Cádiz (1812), también conocida como “La Pepa”. En el texto mencionado, se restaban privilegios a los clérigos y la élite. Lo anterior tuvo como consecuencia que en el territorio novohispano los insurgentes y los realistas (conformados por criollos), unificaran fuerzas y combatieran juntos con una meta común: la independencia.

Fue en ese contexto donde cobró relevancia un general novohispano: Agustín Cosme Damián de Iturbide y Aramburu. Nacido el 27 de septiembre de 1783 en Valladolid, actual ciudad de Morelia, a los catorce años se enroló en las tropas realistas en donde participó de manera activa y ascendió rápidamente hasta lograr el grado de capitán. En noviembre de 1820, el virrey Juan Ruiz de Apodaca (1754-1836) lo nombró jefe de las tropas realistas para contrarrestar los embates de la insurrección. Sin embargo, Iturbide cambió de postura, en lugar de pelear en contra de los sublevados se unió a ellos y convenció a Vicente Guerrero (1782-1831) de hacer un frente común. El pacto se selló con el episodio nombrado por la historiografía oficial como el “Abrazo de Acatempan” y la promulgación del Plan de Iguala, donde se estipuló la formación de una sola fuerza militar, el “Ejército Trigarante”. La fuerza castrense estaría encargada de proteger, como su nombre lo indica, las tres garantías: la independencia de España, la religión católica como la única y la unión de criollos, europeos e indios en una nuevo Estado. Lo anterior dio origen a la Bandera Trigarante, un lábaro de tres franjas diagonales en colores: blanco, verde y rojo y tres estrellas (una por sección). Cada color fue asociado con un significado: el Blanco con pureza de religión (la católica); el verde con la independencia y el rojo con la unión de los habitantes del territorio mexicano. [4]

Meses después, el 5 de agosto, desembarcó en el puerto de Veracruz quien sería el último virrey: Don Juan O’ Donojú (1762-1821), quien a su llegada, se percató que la separación de la Nueva España prácticamente se había concretado. Bajo estas circunstancias, el 24 de agosto rubricó junto con Iturbide los Tratados de Córdoba, cuyo primer artículo menciona: “Está [sic.] América se reconocerá por nación soberana e independiente, y se llamar (sic) en lo sucesivo imperio mexicano” [5]. Vendrían tiempos de júbilo, optimismo, fiesta, orgullo, de la construcción de una nación.

El general victorioso y su entrada triunfal

El 27 septiembre de 1821 [6] Agustín de Iturbide entró como el Jefe Supremo del Ejército Trigarante a la ciudad de México. Esta misma fecha se tomó como la consumación del movimiento de Independencia. Durante tres días se festejó tanto la emancipación política como al libertador. [7] Este acto fue importante para Iturbide ya que lo legitimó como líder ¿Cómo fue recibido? ¿Quiénes le dieron la bienvenida? No era una autoridad con reconocimiento político, tampoco era un héroe insurgente en un sentido estricto, pero se había convertido en la cabeza del Ejército Trigarante, símbolo de unidad. Para resolver las incógnitas se han elegido dos lienzos, exhibidos en el Museo Nacional de Historia, que además han formado parte de las ilustraciones de los libros de texto de la Secretaría de Educación Pública: ambos representan el mismo episodio desde una perspectiva diferente. Cabe agregar que la autoría de los cuadros es desconocida, sin embargo es probable que los haya ejecutado algún egresado de la Academia de San Carlos, entonces menguada por los acontecimientos.

La primera composición (il. 1) presenta el momento de la llegada de Iturbide a la calle de Plateros, hoy Madero, donde lo estaba esperando el Ayuntamiento [8] y se había erigido un arco del triunfo efímero. [9] Debido a la  premura de la planeación de los festejos, provocada por  las circunstancias políticas, éstos fueron organizados en apenas poco más de un mes. María del Carmen Vázquez Mantecón señala que el Ayuntamiento carecía de fondos para los festejos, motivo por el que el alcalde Juan Acha prestó veinte mil pesos sin ningún interés.[10]

1. Anónimo, <i>Solemne pacífica entrada del ejército de las Tres Garantías a la capital de México</i>. Óleo sobre tela. Museo Nacional de Historia, Instituto Nacional de Antropología e Historia.
1. Anónimo, Solemne pacífica entrada del ejército de las Tres Garantías a la capital de México. Óleo sobre tela. Museo Nacional de Historia, Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Conviene señalar que en este lienzo sobresale notoriamente el arco del triunfo ubicado en la calle de Plateros. Al respecto, Louise Noelle comenta en su artículo “Triunfo y conmemoración. El arco como monumento y símbolo: 1810-2010” que dichas estructuras efímeras fueron construidas en vialidades importantes para así adquirir un significado urbano. [11]

El protocolo del paso por debajo de un arco del triunfo formaba parte de la tradición virreinal, ya que se edificaban cuando un virrey llegaba a la Nueva España. Además se apegaban a un estricto programa iconográfico en el que a través de alegorías se manifestaban las características deseadas en el nuevo gobernante. Algunos de los programas fueron ideados por pensadoras como Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)  como fue el caso del Neptuno alegórico (1680) para el marqués de La Laguna; o Joaquín Velázquez de León (1732-1787), para el virrey Matías de Gálvez.

La pintura analizada muestra que el arco fue concebido para celebración de la independencia y no para  la figura de Iturbide. En la sección superior hay un escudo ovalado con la representación de un águila posada sobre un nopal, devorando una serpiente, una clara alusión al mito de la fundación del gran imperio de México Tenochtitlán; una evidente remisión al pasado prehispánico como  origen y  ejemplo de la ilustración criolla. Debajo de la figura descrita hay cuatro banderas tricolores colocadas en forma horizontal. Los colores, verde, el blanco y el rojo, corresponden a los del lábaro Trigarante (aunque les falten  las estrellas) que a su vez aluden a las virtudes teologales, cada color con su respectiva asociación: el verde refiere a la esperanza, el blanco a la Fe y el rojo a la caridad. En suma, se trata una apropiación de elementos religiosos que fueron resignificados y vinculados a los valores cívicos, lo cual perduró en siglo XIX. Con el trascurso del tiempo, tanto el águila como los colores verde, blanco y rojo, serán tomados como símbolos de identidad mexicana, mismos que perviven en la actualidad.

La parte superior  del arco está constituida por una balaustrada, un par de esculturas, un macetón en cada esquina y una guirnalda de flores. En los costados de las jambas se muestran un par de pinturas, que si bien no son del todo claras, es probable que se refieran a la recién lograda independencia.

Dos edificios flanquean a la efímera estructura. En el extremo izquierdo se observa el convento de San de Francisco, erigido con tezontle rojo, material muy propio del virreinato de la Nueva España. En el costado derecho se percibe una construcción de tipo civil que en aquel momento era la casa de los Condes de Orizaba (hoy Sanborn’s de los Azulejos), en cuyos balcones decorados con pendones rojos de filos dorados, se asoman las personas.

En la parte inferior del cuadro hay un grupo de clérigos y élite criolla [12] recibiendo con júbilo a Iturbide, quien vestido de frac, monta a caballo. [13] El peso de la composición no recae en Iturbide, sino en el arco; de esta manera se enfatizó la grandeza del triunfo de la independencia y no al libertador, aunque éste último no pasa del todo desapercibido ya que se distingue del resto de los personajes debido a su localización en en el centro de la composición y porque es el único montando un caballo, lo cual le dota de un mayor tamaño. Su ubicación por delante del arco denota que ha conseguido el triunfo. Detrás de Iturbide aparece el ejército Trigarante,  [14] los militares del frente portan uniforme, seguramente son los generales de dicha milicia.

El paisaje que enmarca la escena contiene un cielo azul, despejado, sin nubes que acechen el horizonte, quizá como un buen augurio del inicio de la vida independiente de la otrora Nueva España.

Por último, como muchas obras del periodo virreinal, la pintura cuenta una cartela que a pesar de no ser del todo legible, permite reconocer lo siguiente: SOLEMNE Y PACÍFICA ENTRADA DEL EXERCITO DE LAS TRES GARANTÍAS A LA CAPITAL DE MÉXICO EL DIA 27 DE SETIEMBRE DEL MEMORABLE.

El segundo cuadro (il. 2) narra el paso de Iturbide por alguna de las calles de la ciudad de México. El protagonista es Agustín de Iturbide (colocado por el pintor casi en el centro del lienzo), quien porta el traje militar y una banda tricolor; en la cabeza, luce un sobrero bicornio del que se asoman plumas tricolores, y de nueva cuenta los colores elegidos son el verde, blanco y rojo.

2. Anónimo,<i> Entrada del Generalísimo Dn. Agustín de Yturbide á Megico el dia 27 sbre. de 1821</i>. Siglo XIX. Museo Nacional de Historia, Instituto Nacional de Antropología e Historia.
2. Anónimo, Entrada del Generalísimo Dn. Agustín de Yturbide á Megico el dia 27 sbre. de 1821. Siglo XIX. Museo Nacional de Historia, Instituto Nacional de Antropología e Historia.

A semejanza del primer lienzo, en esta pintura Agustín de Iturbide es secundado por los generales del Ejército Trigarante. Los habitantes de la ciudad de México también se hacen presentes en la escena, formando una valla. La gente avienta sus sombreros al aire, aplaude, celebra y vitorea. Es el pueblo que reconoce a Iturbide, está presente la élite y también los más humildes, por ejemplo, en la extrema derecha aparece un personaje que durante el siglo XIX se conoció como lépero. De esta manera se subraya la idea de la unión, como una de las garantías del Plan de Iguala.

En el piso empedrado el artista colocó la siguiente inscripción: Entrada del Generalísimo Dn. Agustín de Yturbide á Megico el dia 27 sbre. de 1821.

Los balcones de los edificios representados en ambas obras, muestran algún pendón, María del Carmen Vázquez Mantecón dice al respecto que: “Elaboraron entonces grandes telones con los que cubrieron sus fachadas y calles presentando enormes pinturas alegóricas y escenografías que mezclaban a las Virtudes y a los genios con los grandes episodios de su reciente historia” [15]

En suma, ambas telas aluden al mismo acontecimiento, pero enfatizan diferentes aspectos. La primera  se enfoca en la Consumación de la Independencia, mientras que en la segunda el protagonista es Iturbide. Como puntos de concordancia se observa al pueblo jubiloso, así como la apropiación de elementos iconográficos que fueron afines al espectador del momento, y a su vez, han sido resignificados e interpretados para la construcción de nuevos motivos y alegorías con el objetivo de evocar a un nuevo Estado. Sobresale también la continuidad de la tradición virreinal en el protocolo de la entrada a ciudad de México, como la forma de festejar que se conocía en ese momento. Otro elemento de concordancia entre los lienzos es que Iturbide es retratado en el centro de las composiciones como un general pleno, vencedor, y reconocido como libertador.

De general a emperador

Un mes después de la entrada de Agustín de Iturbide y el Ejército Trigarante a la ciudad de México, sucedió otro momento de gloria y lucimiento personal para el general: la Jura de la Independencia. Dicho acto se llevó a cabo el 27 de octubre de 1821 en la Plaza Armas, también conocida como Plaza de la Constitución.

Aunque los habitantes de la ciudad estaban inmersos en el ánimo festivo, la élite criolla sabía que era imperativo establecer el rumbo a seguir del recién emancipado territorio mexicano. Cabe recordar que desde el Plan de Iguala se había planteado la monarquía constitucional como forma de gobierno. El 28 de septiembre (apenas un día después de la entrada de Iturbide a la ciudad de México) se reunió la Junta Provisional Gubernativa que previamente se había integrado para elegir a su presidente quien sería la cabeza del imperio de manera temporal. Iturbide resultó electo y además se le nombró “Generalísimo de Armas de Mar y Tierra del Imperio”.

Tiempo después, en febrero de 1822 las Cortes de Cádiz anularon los tratados de Córdoba (en la ciudad de México se desconocía tal situación), Fernando VII había rechazado la corona del nuevo imperio, por lo cual se formó un Congreso Constituyente. En ese momento se acrecentó la disputa entre quienes apoyaban a la república como forma de estado (en su mayoría de cepa insurgente) y los que estaban a favor de la Monarquía. Para mayo de 1822 los generales Iturbidistas habían presionado al Congreso para que proclamara emperador a Agustín de Iturbide, lo cual sucedió en la mañana del 19 de mayo.

¡Viva Agustín I!

Agustín I fue coronado el 21 de julio de 1822 en la Catedral de la Ciudad de México, después de casi dos meses de preparativos y la “importación” del protocolo español para el suceso, cabe recordar que nunca antes se había visto algo similar en la Nueva España.

La escena se desarrolla en el interior de la catedral (il. 3). En una misa solemne celebrada por el prelado consagrante se bendijo la corona y luego el Presidente del Congreso la colocó sobre la cabeza de Agustín I. [16] El resto de los miembros del Congreso –para reafirmar el carácter constitucional–, las élites criolla y clerical fungen como testigos y agentes legitimadores. Es un acto de reconocimiento político. El pueblo esperaba fuera del recinto religioso al Primer Emperador Mexicano.

3. Anónimo, <i>La Coronación de Iturbide</i>, ca. 1822. Acuarela sobre seda. Museo Nacional de Historia, Instituto Nacional de Antropología e Historia.
3. Anónimo, La Coronación de Iturbide, ca. 1822. Acuarela sobre seda. Museo Nacional de Historia, Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Algunos estudiosos han comparado la coronación de Iturbide con la investidura imperial de Napoleón Bonaparte (il. 4), por ejemplo, en palabras de Enrique Florescano: “Iturbide, combinó la antigua teatralización del poder con las nuevas escenografía inauguradas por aquel (Bonaparte)” [17] Cabe resaltar que estas formas también se verían reflejadas en las “fiestas de la corte.” [18] Es importante tener presente que en la ceremonia de Napoleón I él se corona, en tanto que a Iturbide lo entroniza el Presidente del Congreso.

4. Jacques Louis David, <i>La coronación del emperador Napoleón I y la Emperatriz Josefina en Notre Dame de París, diciembre 2 de 1804</i>, 1805-07. Óleo sobre tela. Museo del Louvre, París.
4. Jacques Louis David, La coronación del emperador Napoleón I y la Emperatriz Josefina en Notre Dame de París, diciembre 2 de 1804, 1805-07. Óleo sobre tela. Museo del Louvre, París.

En las imágenes 3 y  4 los autores articularon un discurso político en el que tanto Iturbide como Napoleón establecieron una nueva forma de gobierno en sus naciones. Aunque ambos llegaron al trono por sus hazañas militares, éstas fueron omitidas en el acto de su coronación. En los dos casos el clerotuvo una presencia meramente testimonial.

A diferencia del cuadro de Louis David, en el lienzo de la proclamación de Agustín I, resalta  la austeridad consecuencia de los pocos recursos del Primer Imperio Mexicano. La catedral luce decorada modestamente: se observa un largo pendón y los candiles que cuelgan de la bóveda con los colores trigarantes. Nadie imaginó que ese momento triunfal fue “el principio del fin” de Agustín de Iturbide y del Primer Imperio Mexicano.

Los lienzos de Iturbide que se han analizado, son de suma importancia para el relato de dicho acontecimiento, junto con la aparición de monedas, figuras de cera, grabados, y otros objetos que se convirtieron en el instrumento de propaganda del nuevo gobernante. La imágenes fueron la carta de presentación ante un pueblo que en su mayoría era ágrafo y cuyo bagaje visual se había cimentado en las representaciones religiosas, y por tanto, requerían de una claridad y economía de lenguaje asequibles.

En conclusión, el discurso de las obras revisadas se articula en torno al hecho histórico que a su vez funge como una plataforma para legitimar y exaltar la figura de Agustín de Iturbide como libertador de la Patria y Primer Emperador de México. La función de la imagen trasciende, pues no se limita a ser una huella de un determinado hecho histórico, sino que también funciona como elemento constructor de una nueva cultura visual para los habitantes del recién emancipado territorio, a través del uso de íconos que a partir de ese momento se asociarían a lo mexicano y dejarían atrás lo español.

 

Epílogo

La monarquía constitucional de Agustín I duró 8 meses. Los días de júbilo y celebración cedieron el paso a la cotidianeidad de un territorio donde imperaban las problemáticas económicas, sociales y políticas. El emperador disolvió el Congreso, lo cual tuvo como consecuencia el levantamiento en armas de Antonio López de Santa Anna (1794-1876) respaldado por el Plan de Casa Mata. Las complejas circunstancias del país y el levantamiento armado obligaron a Iturbide a abdicar al trono el 19 de mayo de 1823. No tuvo más opción que el exilio en el Viejo continente. Poco más de una año después, regresó a México en secreto el 15 de julio de 1824, sin saber que había una orden de fusilamiento en su contra. Así, el Primer Imperio Mexicano llegó a su final con la ejecución de su otrora cabeza el 19 de julio de 1823 en Padilla, Tamaulipas. No era más aquel victorioso general que había libertado a la Patria del yugo español, sus detractores lo habían convertido en el primer traidor, lo cual pagó con la vida.

 


Fuentes consultadas

Bibliografía

  • Brading David. Los orígenes del nacionalismo mexicano, trad. Soledad Loaeza Grave. México: Era, 1980.
  • Fernández, Justino. Arte del siglo XIX en México. México, Universidad Nacional Autónoma de México,Instituto de Investigaciones Estéticas, 1983.
  • Florescano, Enrique. “La Patria en la fundación de la República” en Imágenes de la Patria. México: Taurus, 2006.
  • Jiménez Codinach, Estela Guadalupe. México: su tiempo de nacer, 1750-1821. México: Fomento Cultural Banamex, 1997..
  • Miquel I. Verques, José María. Diccionario de Insurgentes. México: Porrúa, 1980.
  • Navarro y Rodrigo Carlos. Agustín de Iturbide. Vida y memorias. México: A.Pola, 1906.
  • Riegl, Alois. El culto moderno a los monumentos, Caracteres y origen. Madrid: Visor, colección “La balsa de la Medusa”, 1987.
  • Vv. A.A.. El arte en tiempos de cambio: 1810, 1910, 2010, coords. Hugo Arciniega, Louise Noelle y Fausto Ramírez. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas, 2012.
  • Velázquez de León, Joaquín. Arcos de triunfo, introducción de Roberto Moreno. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1978.
  • Villoro, Luis. “La  Revolución de Independencia” en Historia General de México, Volumen 2. México: El Colegio de México, 1975.
  • Zoraida Vázquez, Josefina. “El establecimiento del México independiente (1821-1848)” en Historia de México, coord. Gisela von Wobeser. México: Fondo de Cultura Económica; Secretaría de Educación Pública; Academia Mexicana de la Historia, 2010.

 

Sitios de internet


NOTAS

[1]Apud. Carlos Navarro y Rodríguez, Agustín de Iturbide: Memorias y vida (México: A. Pola, 1906), 385. Versión digital:
http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1020001814/1020001814.html, consultado el viernes 7 de marzo de 2014.

[2] Cabe recordar que después de la muerte de Hidalgo, Allende, Aldama y Abasolo, el cura José María Morelos y Pavón tomó las riendas del movimientos insurgente, sin embargo a semejanza de sus predecesores fue capturado y fusilado. La insurgencia había quedado acéfala, pero no había fenecido: Gudalupe Victoria y Vicente Guerrero la mantenían viva aunque no con el mismo impacto de su inicio.

[3] Luis Villoro, “La Revolución de Independencia” en Historia General de México, Volumen 2  (México, El Colegio de México, 1975), 637.

[4]  Respecto a los significados de los colores, éstos han ido variando a lo largo del tiempo. Por ejemplo, del rojo se ha dicho que alude a la sangre derramada en batalla.

[6] Cabe mencionar que la fecha de entrada a la ciudad de México coincidió con el aniversario número 38 de su natalicio.

[7] Para fines prácticos del presente trabajo, únicamente se tratará la entrada a la ciudad de México de Agustín de Iturbide y el Ejército Trigarante.

[8] El Ayuntamiento era la autoridad legislativa y administrativa de ciudad de México.

[9] María del Carmen Vázquez Mantecón menciona que hay una acuarela en seda anónima, en el ex convento de Churubusco, donde se muestra un arco que se colocó en la garita de Belén, éste había sido reconstruido en 1777 y en la piedra clave tenía labrado el escudo de las armas del rey español. Bajo diicha construcción pasó el ejército trigarante antes de llegar a la calle de Madero.

María del Carmen Vázquez Mantecón, “Las fiestas para el libertador y monarca de México Agustín de Iturbide, 1821–1823” en Estudios de historia moderna y contemporánea de México (México, UNAM, IIH, n.36 México jul./dic. 2008) consultado en versión electrónica:
http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/revistas/moderna/vols/ehmc36/412.pdf

[10] María del Carmen Vázquez Mantecón, “Las fiestas para el libertador y monarca de México Agustín de Iturbide, 1821–1823”.

[11] Louise Noelle, “Triunfo y conmemoración. El arco como monumento y símbolo: 1810-2010” en  El arte en tiempos de cambio: 1810, 1910, 2010, coords. Hugo Arciniega, Louise Noelle y Fausto Ramírez (México: UNAM, IIE, 2012), 293.

[12] Debe tenerse presente que Iturbide fue recibido por el Ayuntamiento.

[13] De acuerdo con el texto de María del Carmen Vázquez Mantecón el color del frac era verde, Iturbide montaba un caballo prieto y ese día le dolía la pierna, lo cual no se refleja en la pintura. María del Carmen Vázquez Mantecón “Las fiestas para el libertador …” en María del Carmen Vázquez Mantecón, “Las fiestas para el libertador y monarca de México Agustín de Iturbide, 1821–1823”.

[14] Se calculan más de diez mil.

María del Carmen Vázquez Mantecón, “Las fiestas para el libertador y monarca de México Agustín de Iturbide, 1821–1823”

[15] María del Carmen Vázquez Mantecón, “Las fiestas para el libertador y monarca de México Agustín de Iturbide, 1821–1823”.

[16] Proyecto que del ceremonial que para la inauguración, consagración y coronación de su Magestad el Emperador Agustín Primero (México, Imprenta de D. José María Ramos Palmera en el convento Imperial de Sto. Domingo, 1822) 10. Versión electrónica:
https://ia600604.us.archive.org/26/items/proyectodelcere00unseguat/proyectodelcere00unseguat.pdf, consultada el viernes 7 de marzo de 2014

[17] Enrique Florescano, “La Patria en la fundación de la República” en Imágenes de la Patria (México, Taurus, 2006), 110.

[18] María del Carmen Vázquez Mantecón, “Las fiestas para el libertador y monarca de México Agustín de Iturbide, 1821–1823”. 

2 Comentarios

  • elsa leticia dijo: 10 abril, 2014 at 6:50 pm

    Excelente, una informaciòn valiosa.Felicidades

    Responder
    • CAME dijo: 6 septiembre, 2014 at 6:37 pm

      MUY BUENA INFORMACION AGRADEZCO ENORMEMENTE A USTED.

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